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Sentido y actitud ante el dolor 5/5 (4)

1. ¿Qué es el dolor?

El dolor es una realidad que nos afecta a todos antes o después. Vemos a nuestro alrededor o quizá experimentamos de cerca que hay gente que muere, que sufre. En algunas actividades de voluntariado como el acompañamiento en hospitales, el contacto con el dolor y el sufrimiento es más directo.

Es importante por tanto que sepamos comprender esta realidad y no vivir ajenos a ella, porque si no es difícil atender y dar sentido y esperanza a las personas que se encuentran en esa situación.

Sentido y actitud ante el dolor

dolor sufrimiento

El dolor es compañero inevitable de la vida humana. Somos por naturaleza limitados y lo experimentamos de múltiples maneras.
Esto no nos debe llevar a la resignación y al pesimismo porque la vida tiene un sentido y el sufrimiento también. El dolor no tiene la última palabra, el placer es más profundo aún que el sufrimiento.

La actitud ante el dolor es cuestión de madurez personal.

Hemos de llegar a entender que el sufrimiento puede ser ocasión de crecer, de madurar como personas.
Para dar razón, ayudar y comprender haciéndonos cargo de la situación de personas que experimentan el dolor y sufrimiento, tenemos que pensar cual es nuestra actitud ante el mismo. Es esencial ser muy humanos y a la vez muy positivos.

Teniendo en cuenta la naturaleza del hombre, vemos que la reacción inicial ante el dolor es de rechazo, y es lógico porque la persona busca en lo más profundo de su corazón ser feliz. La existencia del dolor parece que se contrapone a este objetivo, y realmente esto ¿es así?

Antes de dar respuesta a esta pregunta vamos a profundizar en qué es el dolor, qué clases de dolor podemos experimentar, actitudes y reacciones ante el mismo.

2. Clases de dolor

Analicemos en qué momentos nos sentimos vulnerables y experimentamos dolor. En primer lugar observamos algo muy elemental como puede ser un dolor de cabeza. Cualquier tipo de enfermedad nos hace descubrir nuestra finitud, claro está que hay distintos tipos de gravedad y que en unos más que en otros se siente más de cerca nuestra limitación y finitud, no es lo mismo una jaqueca que un cáncer en estado terminal.

 

Damos un paso más para profundizar, viendo lo que describe Max Scheler sobre cómo es la persona. Distingue cuatro estratos en el ser humano y en base a ello establece cuatro tipos de sentimientos:

dolor y sufrimiento

dolor y sufrimiento

La diferencia entre dolor y sufrimiento está en que el dolor, cuando alcanza un cierto grado de intensidad y se prolonga en el tiempo, pasa a ser sufrimiento afectando al cuarto estrato, el personal.
Influye entonces en las perspectivas de la persona, le sitúa ante su finitud y limitación y produce tristeza. La experiencia dolorosa es mucho más rica y compleja que la mera sensación de dolor.

Esta última es simple dolor exterior, causado por un mal presente, que es percibido por el cuerpo, mientras que su repercusión en el interior de aflicción, desgarro es el sufrimiento.

Conviene distinguir ambos con nitidez.

En el dolor interior intervienen la memoria, la imaginación y la inteligencia y puede extenderse a muchos más objetos que el dolor puramente físico ya que incluye el pasado, el presente y el futuro, lo físicamente ausente, pero presente en el espíritu.
La tristeza está provocada por el mal presente, pues procede de la carencia de lo que se ama. Los remedios para superarlo son principalmente el recrearse en el bien presente, el llanto, la compasión de los amigos, la contemplación de la verdad, el sueño y el descanso.

3. ¿Qué diferencia hay entre dolor y sufrimiento?

Dolor

El dolor es una experiencia sensorial (objetiva) y emocional (subjetiva), generalmente desagradable, que surge ante determinadas situaciones o problemas, generalmente relacionados con una pérdida o con un problema que nos afecta de manera importante.

Sufrimiento

El sufrimiento va un paso más allá. Es la respuesta cognitivo- emocional, que tenemos ante un dolor físico o ante una situación dolorosa.
Es un conjunto de emociones y pensamientos que se entrelazan, adquiriendo mucha más intensidad y duración que el dolor emocional. De hecho, el sufrimiento puede durar indefinidamente, aunque la situación que lo provocó ya se haya solucionado.

Cuando una persona sufre, suele presentarse alguna de las siguientes características:

-Cree que se va a enfrentar a un daño físico, psicológico o social importante, es decir, se siente amenazada.
-No acepta el dolor o la situación relacionada con el sufrimiento y se rebela: “¿Por qué a mí?, no es justo, no debería ser así”, etc.
-Se siente incapaz de hacerle frente, ya que está convencida de no tener los recursos necesarios para vencer la amenaza (solucionar el problema o acabar con el dolor) de manera exitosa, por lo que se siente indefensa.
-Vive un grado importante de incertidumbre.
-No sabe cuándo o cómo va a terminar su sufrimiento y en ocasiones piensa que esa situación va a durar siempre.
-Cree que no lo va a poder soportar.
-Predomina un sentimiento de impotencia y de no tener control sobre lo que sucede e incluso sobre sí mismo, que se manifiesta en la intensificación de diferentes emociones: depresión, enojo, autocompasión, etc.

Podemos sufrir ante:

-Un hecho real, en el sentido de que está sucediendo en el presente. Un recuerdo de algo que sucedió.
-Un hecho imaginario, como cuando vemos con tal claridad una situación que creemos que se va a dar en el futuro, que despierta nuestras emociones. El sufrimiento de los demás.

4. El sentido del dolor

Estamos en una cultura en la que el sufrir tiene mala prensa. No tenemos motivos para soportarlo, sino medios técnicos para combatirlo. Hemos caído en una trampa peligrosa: pensar que somos capaces de erradicarlo de nosotros, lo cual es imposible.

Amamos la comodidad, la ausencia de dolores, molestias y esfuerzos físicos, más que cualquier otra cosa precisamente porque no soportamos el sufrimiento. En la actualidad hay métodos y técnicas para evitar el sufrimiento, esto es un gran avance pero también es cierto que hace que disminuya nuestra capacidad de aguantarlo, a base de ahorrárnoslo, e impulsarnos hacia placeres y satisfacciones rápidas.

Aunque con los medios que tenemos para aliviar o paliar el dolor físico, nos encontramos con que antes o después acabamos volviéndolo a experimentar, ¿cuándo?: en nuestra debilidad, en nuestra insatisfacción ante las dificultades ordinarias de la vida.

Si no se saben llevar, pueden convertirse en insoportables. Las causas que nos pueden llevar a esto son la falta de motivos para sufrir, la incapacidad para descubrir el sentido del dolor, querer evitarlo a toda costa, que en definitiva es no saber encajarlo en la vida y no querer vivir en la realidad, ya que es algo que está ahí y que no podemos erradicar, ni evitar. Todo esto contribuye a aumentarlo porque estamos inermes ante el.

La clave está en aceptarlo y aprender a convivir con el, a llevarlo de la mejor manera, sabiendo que tiene un sentido en la vida del hombre, que le ayuda a ser más fuerte, a madurar.

Nuestra cultura se ha vuelto deliberadamente ciega para el dolor: no quiere verlo, lo tapa, lo ignora, lo oculta, lo trivializa, le vuelve la espalda, quiere sustituirlo por el placer, por lo fácil, lo cómodo, lo rápido, lo aséptico, lo que no molesta. Hay que reconocer que en nuestra vida están presentes todas estas tendencias y que nos dejamos llevar por ellas.

Pensemos a donde puede llevarnos esta actitud de evitar el dolor, que en realidad es la que está presente en nuestra sociedad. Una sociedad que busca abolir el sufrimiento, cuando llega al límite más allá del cual no puede hacerlo, y adviene la desgracia, no tiene ya nada que decir: se queda muda.

La extremada concentración en el puro evitar el sufrimiento, renunciando a cualquier interpretación, es la eutanasia… esta es la consecuencia lógica de una concepción del dolor como un sin sentido. Pero como hemos dicho antes, el dolor tiene un sentido en la vida del hombre, hay que saber descubrirlo.

La generalización de estas actitudes a nuestro alrededor, hace más necesaria que nunca la respuesta a estas preguntas:

¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Sirve para algo? ¿Puedo hacer con él algo más que huir de él? ¿Acaso puede tener algún sentido una vida llena de sufrimiento?

Para responder a todo esto nos centraremos en tres funciones antropológicas del dolor.

1ª) Lo primero que se necesita para saber qué hacer con el dolor es aceptarlo como algo que está ahí, y que tenemos que encarar: es el momento dramático de nuestra existencia.

La primera y más humilde operación del dolor destroza la ilusión de que todo marcha bien: nos pone en situación dramática, y eso requiere ya un modo de expresión. Sin embargo, el que se sobrepone a su dolor, sube más alto; quien acepta esa situación convierte el hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar la propia vida contando con esa dramática verdad que se ha hecho presente dentro de nosotros.

La enfermedad me es dada como una tarea; me encuentro con la responsabilidad de lo que voy a hacer con ella. El dolor es el banco de pruebas de la existencia humana, el fuego de la fragua donde, como los buenos aceros, el hombre se ennoblece y se templa. Y sin embargo, para los hombres frágiles el dolor puede ser ocasión del desmoronamiento definitivo.

Cuando sufrimos una enfermedad, un cautiverio, un ultraje o una desgracia, no somos libres de sufrirlos o no, puesto que vienen impuestos, pero sí podemos adoptar ante ellos una actitud positiva o negativa, de aceptación o rechazo. En esa libertad radica lo posibilidad de enriquecerse con el dolor.

Sufrir, cuando se transforma en actitud de aceptación y en una tarea libremente asumida, es algo que nos hace más libres respecto de las circunstancias externas, nos abre los ojos al verdadero valor e importancia de las cosas; se advierten entonces panoramas de profundidad porque el sufrimiento hace al ser humano más lúcido. Esto es crecer. Sufrir significa obrar. Pero significa también crecer y madurar.

El verdadero resultado del sufrimiento es un proceso de maduración. La madurez se basa en que el ser humano alcanza la libertad interior, a pesar de la dependencia exterior respecto de lo que atenaza. Aceptar el dolor ayuda al hombre a crecer y madurar porque le hace ser fuerte.

2º) el hombre doliente experimenta con más intensidad que los demás la faceta de finitud,

se encuentra en un momento especialmente importante de su vida, un momento en el que, a la luz de esa experiencia puede comprender con luces nuevas, la distinción entre lo verdaderamente importante y lo que no lo es.

El dolor realiza en nosotros una purificación no sólo externa, en el cuerpo, sino también interior. Nos hace menos dependientes de nuestro capricho, nos eleva por encima del interés, porque aprendemos a renunciar a aquello que en la nueva situación no podemos tener, como por ejemplo libertad de movimiento y fuerza para trabajar.

Incluso relativizamos la importancia de satisfacciones y necesidades que creíamos irrenunciables, y hasta llegamos a prescindir totalmente de ellas, llevando nuestra capacidad de sufrir más allá del límite que nos creíamos capaces de aguantar.

En los momentos dramáticos nos dejamos de tonterías, y si el drama es muy intenso, casi todo nos parecerá una tontería, algo que no vale la pena, ni es verdaderamente serio. El dolor eleva al hombre por encima de sí mismo porque le enseña a distanciarse de sus deseos. Las personas que han sufrido tienen una conciencia más real y profunda de sí mismos y de lo que les rodea: están vacunadas contra la insensatez, y se les nota, en su talante sereno y más difícilmente alterable, en un cierto poso interior y capacidad de aguante que las hace más dueñas de sí.

Pensemos por ejemplo en una persona que ha sufrido un grave accidente de tráfico y ha salvado la vida, ha sido un golpe duro que le ha hecho cambiar la jerarquía de valores en su vida, a cambiar su conducta porque se ha dado cuenta de lo que realmente vale la pena.

3º) Sólo ahora, después de señalar estas dos funciones, podemos descubrir el verdadero sentido del dolor:

yo sólo puedo afrontar el sufrimiento, sufrir con sentido, si sufro por un algo o por un alguien. El sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un fin en sí mismo.

Para poder afrontarlo, debo trascenderlo. Al aceptarlo, no sólo lo afrontamos, sino que a través de él buscamos algo que no se identifica con él: lo trascendemos. El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de sí mismo, remite a una causa por la que padecemos.

En definitiva, el sufrimiento con plenitud de sentido es el sacrificio. Esto quiere decir que el sentido del dolor es el motivo y el fin por el cual aceptamos padecerlo. A primera vista esto es muy evidente en los dolores meramente naturales: los padecemos porque tenemos voluntad de vivir.

Pero cuando se trata de sufrimientos interiores, causados por la voluntad de otros o por la necesidad, ya no basta la voluntad de vivir para padecerlos: necesitamos integrarlos en una tarea en la cual adquieran sentido, necesitamos verlos como parte de las dificultades del camino que nos lleva a la meta que nos hemos propuesto alcanzar, y sobre todo, los sobrellevamos gustosamente cuando los convertimos en medios para hacer felices a las personas amadas, puesto que entonces aceptamos nuestro dolor para que ellas se vean libres de él, para poder volver a su lado, y que vuelvan a tenerlos para sí.

 

Esto es, sobre todo, lo que una madre y un padre harán por encima de sí mismos y de cualquier dificultad: salvar a sus hijos de la desgracia, hacer cualquier cosa por ellos, sufrir para sacarlos adelante. Amar es sacrificarse. Lo que da sentido al dolor es el amor: se aguanta el sufrir cuando se ama; si no, no se aguanta.

Aguantar el dolor no significa buscarlo, gozarse en la queja y en la debilidad, ser masoquista, sino sobrellevarlo por el ser amado y por la esperanza de alcanzar los bienes anhelados, sobre todo para él. Si se suprime esto último, aguantar el dolor sería efectivamente aceptar ser débil.

Sólo el sufrimiento asimilado deja de ser sufrimiento, y pasa a ser parte del camino hacia nuestra meta. Así lo convertimos en obra humana, lo dotamos de sentido, y hecho sacrificio, lo traspasamos.

Esta inclusión de el dolor en esta gran tarea que es vivir nos pone delante otra gran cuestión: el sentido del dolor es consecuencia del sentido de la vida que se tenga; en cierto modo, el sentido del dolor remite y se resuelve en el sentido de la vida que se tenga; en cierto modo, el sentido del dolor remite y se resuelve en el sentido de la vida. La fuerza para sufrir brota de los motivos que se tienen para seguir viviendo. Si éstos no existen, no se aguanta una vida dramáticamente dolorosa.

5. Actitudes ante el dolor

Todos vivimos situaciones dolorosas, sin embargo podemos tener dos actitudes: vivir el dolor y trascenderlo o generar un gran sufrimiento, compuesto por una mezcla de emociones negativas intensas, que con frecuencia está causado o aumentado por nosotros mismos: por nuestra actitud ante el dolor y/o por el significado que le damos a éste. Podemos tener por tanto una actitud positiva o negativa.

Cada persona reacciona de manera diferente ante una misma situación. Mientras una persona se desmorona ante el dolor que está viviendo, otra puede encararlo de una manera distinta y salir fortalecida y más madura. De hecho cada situación la vivimos de diferente manera. La misma persona que reacciona bien en una ocasión, puede responder muy mal en otra.

6. Reacciones ante el dolor

La intensidad y duración del dolor que sentimos y nuestra manera de reaccionar ante las situaciones dolorosas, no depende de la importancia de dicha situación.

Dependen de: nuestra personalidad fortaleza afectiva estado físico y emocional de ese momento las experiencias vividas en el pasado, principalmente durante la niñez nuestras creencias sobre nosotros mismos el significado que le damos al dolor el apoyo social que tenemos y nuestra capacidad para: reconocer, aceptar, expresar nuestras emociones

7. ¿Es posible ser feliz si existe el dolor y el sufrimiento?

El dolor si no trascendemos, es decir, si no vemos lo que hay más allá de el nos lleva a un sin sentido.

Como hemos visto el dolor nos sitúa verdaderamente delante de quien somos, de nuestra realidad de seres finitos, limitados. Esto tiene mucho de positivo: nos hace humildes, nos lleva a no creernos lo que no somos: superhombres o supermujeres.

La felicidad está relacionada con la aceptación de nosotros mismos, de nuestra persona con sus capacidades y sus limitaciones. De lo contrario, si nos queremos por un ideal al cual creemos que podemos llegar pero no es objetivo, lleva a la frustración. La clave está en cómo afrontamos el dolor, el sentido que le damos, cómo gestionamos nuestras emociones ante él y cómo compartimos con las personas más cercanas y nos dejamos apoyar por ellas sin buscar aislarnos.

El sentido del dolor es algo que cada persona debe buscar. Más que cualquier definición, lo que nos explica si se puede ser feliz aun sufriendo, es el testimonio de tanta gente que es feliz. Y podríamos decir, vale pero también hay otras personas que no lo son.

Cierto, pero piensa en lo siguiente: ¿qué busca la persona en la vida? Ya lo hemos dicho antes: ser feliz. Parece entonces lógico, que las personas que se adecuan al fin que busca el hombre son aquellos que aun ante la experiencia del dolor son felices.

Los que no lo son, nos lleva a plantearnos si no es que no han sabido afrontarlo, seguro les ha faltado el cariño, la cercanía de alguien que les apoyase, pero en el fondo es falta de madurez. El voluntario juega un papel importantísimo, como acompañante de personas que pueden estar sufriendo.

8. Aprender a afrontar el dolor con optimismo

Forjar un modo de ser entusiasta, dinámico, emprendedor y con los pies sobre la tierra, son algunas de las cualidades que distinguen a la persona optimista.

El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y otra pesimista, radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades; la diferencia es mínima, pero tan significativa que nos invita a cambiar de una vez por todas nuestras actitudes.

Alcanzar el éxito no siempre es la consecuencia lógica del optimismo, por mucho esfuerzo, empeño y sacrificio que pongamos, algunas veces las cosas no resultan como deseábamos.

El optimismo es una actitud permanente de “recomenzar”, de volver al análisis y al estudio de las situaciones para comprender mejor la naturaleza de las fallas, errores y contratiempos, sólo así estaremos en condiciones de superarnos y de lograr nuestras metas. Si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos, no haría falta ser optimistas.

Normalmente la frustración se produce por un fracaso, lo cual supone un pesimismo posterior para actuar en situaciones similares. La realidad es que la mayoría de nuestros tropiezos se dan por falta de cuidado y reflexión. ¿Para qué sirve entonces la experiencia? Para aprender, rectificar y ser más previsores en lo futuro.

El optimista sabe buscar ayuda como una alternativa para mejorar o alcanzar los objetivos que se ha propuesto, es una actitud sencilla y sensata que en nada demerita el esfuerzo personal o la iniciativa. Sería señal de autosuficiencia de nuestra parte, pensar que poseemos el conocimiento y los recursos necesarios para salir triunfantes en toda circunstancia.

Cualquiera que ha sido campeón en alguna disciplina, llegó a colocarse en la cima por su esfuerzo, perseverancia y sacrificio, pero pocas veces, o mejor dicho nunca, se hace alusión a su optimismo, a esa entrega apasionada por alcanzar su fin, conservando la confianza en sí mismo y en las personas que colaboraron para su realización.

El optimismo refuerza y alienta a la perseverancia. El optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.

En otras circunstancias nos engañamos e inventamos una falsa realidad para hacernos la vida más fácil y cómoda. Basta mencionar al estudiante que se prepara poco y mal antes de sus evaluaciones, esperando obtener la calificación mínima y necesaria para “salir del paso”, sin darse cuenta que su falso optimismo lo llevará –tarde o temprano- al fracaso.

Se podría pensar que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta; en el trabajo, una personalidad emprendedora; en la escuela, profesores y alumnos dedicados. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda.

El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir. En la amistad y en la búsqueda de pareja también es necesario ser optimista. Algunas personas se encierran en sí mismos después de los fracasos y las desilusiones, como si ya no existiera alguien más en quien confiar.

El optimismo supone reconocer que cada persona tiene algo bueno, con sus cualidades y aptitudes, pero también sus defectos, los cuales debemos aceptar y buscar la manera de ayudarles a superarlos.

El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta: Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa. Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas. Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido. No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño; en los errores y equivocaciones una experiencia positiva de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es la alegre manifestación del mismo, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga, convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.

Fuente | fundacioncacfrac.org

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Disautonomia y diferencias con fibromialgia 4.43/5 (7)

DISAUTONOMÍA

La disautonomía es una alteración del Sistema Nervioso Autónomo,(disbalance Simpático-Vagal), que regula automáticamente muchas funciones importantes del organismo como el pulso, la presión, la temperatura y la respiración.

Son pacientes con sueño, insomnio y sueño no reparador, se cansan fácilmente.

Frente a cambios repentinos como una emoción, al pararse rápidamente después de estar acostado o al estar de pie largo tiempo, o al caminar despacio o con cambios bruscos de temperatura, se produce una disminución de retorno venoso desde las extremidades inferiores, con lo que la presión arterial baja de forma brusca y llega poco oxígeno al cerebro.

Esto se debe a la mala regulación del Sistema Nervioso Autónomo. Al asumir la posición de pie súbitamente, unos 300 a 800 cc de sangre se quedan en el abdomen y extremidades inferiores y esto sucede en segundos después del cambio de posición.En el caso de tener Disautonomía el organismo no es capaz de compensar esto rápidamente y aparecen los síntomas.

Debido a este cansancio crónico y a la sensación episódica de debilidad, muchas veces se hace el diagnóstico erróneo de Depresión, Fibromialgia, Fatiga crónica, Hipotiroidismo o Hipoglucemia. Se les cataloga de flojas y poco sociables, ya no tienen energía para participar en reuniones con otras personas.

Esto ocurre en ambos sexos.

El diagnóstico diferencial de la Disautonomía, se realiza porque no presenta los puntos fibromiálgicos álgidos y más alteraciones generales, debido a la alteración simpático-parasimpática.

Síntomas de la Disautonomía

El síntoma más frecuente es la fatiga crónica. El cansancio excesivo ocurre después de mediodía. Existen otros síntomas además de la fatiga, al estar de pie por un tiempo prolongado la persona se siente como desfallecer, puede ponerse pálida, sudorosa y semejar una reacción hipoglucémica, (baja de azúcar).

De no sentarse o botarse al suelo, puede tener un desmayo y síncope y perder el conocimiento. A veces la persona que se siente mal, débil, cansada, sin ánimo, no tiene interés en la conversación a su alrededor y se encierra como en un mutismo. Se le ve pálida, cansada, a veces con lo párpados caídos y sin deseos de participar en nada.

En algunos casos debido a la poca expresión de la cara, se les diagnostica de Parkinson erróneamente.

Se les suele interpretar mal y se les tilda de poco colaboradoras y poco sociables. Es necesario reconocer estos síntomas premonitores para evitar caídas y fracturas o una contusión cerebral, (TEC).

Las manos y pies tienden a hincharse al estar inmóvil o al caminar despacio o con el calor excesivo. Los dedos de las manos se sienten duros, algo rígidos, por la hinchazón y es necesario empuñar las manos repetidamente para facilitar la circulación, con lo que la sensación desagradable desaparece.

Disautonomia y diferencias con fibromialgia

Más sintomas

Estas personas son por lo general friolentas y lo han sido toda la vida, pero a veces al mismo tiempo, no toleran calores excesivos. Algunas se resfrían con facilidad si tienen un enfriamiento. Algunas personas saben que son de presión arterial baja, pero no se les ha hecho el diagnóstico de disautonomía.

En la disautonomía el cansancio aparece por lo general después del mediodía. Si la persona amanece agotada, el problema es otro y lo más probable es que se deba a depresión. Otra causa frecuente de fatiga que se presta para el diagnóstico diferencial, especialmente en personas de edad, es el Hipotiroidismo.

Estos enfermos pueden tener cansancio, intolerancia por el frío, piel seca, voz ronca y/o sobrepeso. El diagnóstico se confirma con el examen que muestra reflejos lentos y el examen de sangre que da un TSH elevada y una T-4 baja.

Cómo confirmar el diagnóstico de la disautonomía:

Esto se hace con una prueba llamada Tilt Test, éste se hace en un Departamento de Cardiología. (actualizado a 2017 a diferencia de la fibromialgia la disautonomia tiene una prueba especifica para confirmar su diagnóstico)

Para esto se coloca a la persona en una cama por unos 15 minutos, se le toma el pulso y la presión frecuentemente y después se coloca la cama verticalmente en 80°.

La persona está sujeta a la cama por amarras, en posición de pie, afirmando los pies en la repisa, pero sin moverlos. 3 La prueba dura una hora, o menos si la presión baja sustancialmente o la persona se marea o tiende a desmayarse. La prueba es positiva si la presión arterial desciende y la persona se siente débil y se le reproducen sus síntomas.

Cómo tratar la disautonomía:

No existe un tratamiento curativo, pero hay muchas cosas que se pueden hacer para prevenir o aliviar el problema.

Medidas generales:

1. Evitar estar de pie por tiempo prolongado. Si no se puede evitar hay una serie de movimientos que ayudan como, cruzarse los pies, empinarse y soltar repetidamente, poner un pie delante del otro y después cambiar de pie, agacharse como para abrocharse lo zapatos, encuclillarse o poner la pierna estirada sobre una silla.
2. Evitar caminar despacio.
3. Al estar sentado en un autobús o avión hay que mover los pies y rodillas frecuentemente y pararse y caminar. De vez en cuándo adoptar la posición en hiperflexión de pecho a rodilla y/o cabeza entre las rodillas.
4. Se recomienda usar medias elásticas o calcetines elásticos con una presión en el tobillo de por lo menos 20nn de Hg.
5. Aumentar la sal en comidas, ayuda a mejorar el retorno venoso, pero esto sólo si no tiene presión arterial elevada o daño al riñón.
6. Es conveniente hacer ejercicio aeróbico moderado, lo que ayuda el retorno venoso. Ejercicios permaneciendo progresivamente de pie por periodos más largos y ejercicios en el agua, son particularmente beneficiosos.
7. Evitar la deshidratación, para lo que es conveniente tomar unos 2 a 3 litros de líquidos al día. Es bueno recordar que no se deshidrata fácilmente con el calor, los vómitos y la diarrea. También hay que tener cuidado con los diuréticos

Escrito por el Dr. Ojeda Gil

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Fibromialgia El cuidador y la familia 5/5 (1)

Cuidar el entorno familiar en fibromialgia El cuidador y la familia

Fibromialgia, enfermedad de nuestro tiempo

La fibromialgia es actualmente una de las enfermedades más habituales en nuestras consultas médicas y psicológicas. Se calcula que entre el 2-3% de la población española sufre esta dolenciaI que provoca a quien la padece un enorme impacto a nivel físico (dolor generalizado, parestesias, trastornos del sueño, fatiga, rigidez muscular matutina, etc.), psicológico (principalmente trastornos adaptativos, ansiedad y depresión) y social (incapacidad para realizar las tareas habituales, incomprensión familiar y social, etc.).

Son muchas las incógnitas que rodean a la enfermedad (etiología, tratamientos farmacológicos, mecanismos de acción de la enfermedad, etc.), lo que provoca un cierto escepticismo en la clase médica y en la propia familia.

Los enfermos de fibromialgia habitualmente recorren un amplio número de especialidades médicas (habitualmente neurología, medicina interna, traumatología, psiquiatría, reumatología) antes de ser diagnosticados, debido a los muy diversos síntomas que padecen (ánimo deprimido, migrañas, fatiga, dolores inespecíficos), peregrinaje que supone una gran carga emocional tanto en los pacientes como en la familia.

Una vez realizado el diagnóstico, los enfermos de fibromialgia suelen sentirse desamparados por la poca información existente sobre la enfermedad y la falta de un tratamiento definitivo para paliar los síntomas (a veces incapacitantes) que produce esta enfermedad. Además, deberán adaptarse a vivir con la enfermedad y asumir un papel activo en el tratamiento.

Las pautas de tratamiento habituales incluyen el tratamiento farmacológico (antidepresivos, AINES, etc.) y el tratamiento no farmacológico, que abarca el ejercicio físico, la rehabilitación y el tratamiento psicológicoII.

Dichos tratamientos irán encaminados a mejorar la calidad de vida de los pacientes y a disminuir los síntomas asociados a la depresión y a la ansiedadIII. En este sentido, la psicopatología previa, la personalidad, la calidad de las relaciones sociales que tienen estos enfermos, la estabilidad familiar y económica y el apoyo sociosanitario serán fundamentales para la adaptación a la enfermedad.

Una vez establecidas las pautas de tratamiento, será necesario aprender a vivir con la enfermedad, aprendizaje que debe abarcar a toda la unidad familiar, con la complejidad que esto conlleva.

La familia, esa gran olvidada

Con el diagnóstico de la enfermedad comenzará una nueva etapa familiar, marcada por la presencia invisible pero innegable de la fibromialgia.
Fruto de las dificultades propias de este proceso de adaptación pueden aparecer alteraciones familiares a distintos niveles: estructural, evolutivo y emocionalIV.
A nivel estructural, en la familia pueden aparecer alteraciones como son el establecimiento de patrones rígidos de funcionamiento (alianzas familiares en torno a, por ejemplo, las tareas del hogar, que impiden la flexibilidad), cambio en los roles familiares (como la asunción de responsabilidades impropias de la edad por parte de los hijos) y aislamiento social (tanto de la persona que sufre la enfermedad como de la pareja, que deja de acudir a acontecimientos sociales por no “abandonar” a su pareja).

El diagnóstico de una enfermedad crónica como la fibromialgia supone una ruptura del ciclo evolutivo familiar, en cuanto que la familia debe replantearse nuevamente su rutina, necesidades, expectativas de futuro, etc., teniendo como referencia la enfermedad.

Esta alteración del ciclo evolutivo afecta a toda la familia nuclear, aunque especialmente a la pareja, que verá cómo los planes de futuro se ven reducidos sensiblemente. Los distintos miembros de la familia deberán adaptarse a la nueva situación familiar, algo que no siempre resulta sencillo, pudiendo aparecer mecanismos de defensa que en ocasiones pueden llegar a ser patológicos, tales como la sobreprotección o la negación de la enfermedad.

Fibromialgia El cuidador y la familiaConocer la enfermedad

Conocer la enfermedad resulta fundamental para la adecuada adaptación familiar. En este sentido, grupos psicoeducativos para pacientes V, VI o familiares han resultado eficaces para la mejora de aspectos psicológicos (principalmente ansiedad y depresión), el control del dolor y el incremento de la calidad de vida.

Cuando el objetivo primordial es ampliar los conocimientos sobre la enfermedad y estar al día de las últimas novedades existentes a nivel de tratamiento, diagnóstico, líneas de investigación, etc. los cursos divulgativos impartidos por profesionalesVII serán la mejor opción.
Experiencias como las Escuelas para Familiares, promovidas en ocasiones por las asociaciones de afectados, consiguen acercar la enfermedad de una manera clara a los familiares más cercanos, convirtiéndose en espacios de comunicación y trabajo en torno a cómo adaptarse a la enfermedad y cómo manejarla en la vida diaria.

El objetivo principal de las Escuelas para Familiares, siguiendo el modelo psicoeducativo, es ofrecer a la familia educación sobre el trastorno que presenta el paciente, en este caso la fibromialgia, dar unas guías de actuación concretas, apoyo en situaciones de crisis, y estrategias para la reducción del estrésVIII.

Algunas de las indicaciones básicas que se pueden ofrecer en estos grupos son las siguientes:

Conocer la enfermedad. Es importante que se “sienta” estar correctamente informado. Debe explicarse a los familiares qué es la enfermedad, los síntomas que produce, las líneas de investigación abiertas, las posibles explicaciones etiológicas, los tratamientos existentes, etc.

Será importante recalcar la existencia de una base biológica (aunque actualmente no se conoce), su trayectoria de enfermedad crónica pero benigna, la posibilidad de llevar una calidad de vida aceptable y la necesidad de implicarse para obtener mejoría (visión activa de la enfermedad).

Explicar el funcionamiento del dolor crónico y su relación con la ansiedad y la depresión. Según la Teoría de la Puerta de ControlIX (Melzack y Wall), la experiencia de dolor estaría compuesta por tres dimensiones: la dimensión sensorial o discriminativa (propiedades físicas del dolor), la dimensión motivacional o afectiva (o de los aspectos emocionales del dolor) y la dimensión cognitiva o evaluativa del dolor (relativa a la interpretación del dolor en función de los aspectos atencionales, experiencias anteriores, contexto sociocultural, pensamientos y creencias asociados al dolor…).

Un mecanismo de control (o puerta) situado en la médula espinal sería el responsable de seleccionar la información dolorosa que llega al cerebro, el llamado sistema de control de la compuerta, que se vería influido por las tres dimensiones (sensorial, afectiva y cognitiva).
Desde este punto de vista, el daño físico abre la puerta, pero además hay más factores que hacen que la puerta se abra, es decir, que empeoran el dolor (tales como la ansiedad, pensamientos negativos, etc.).

Por otro lado, factores como la relajación harían que la puerta se cerrase, es decir, disminuirían el dolor. Desde esta perspectiva es posible comprender mejor el dolor y entender qué mecanismos de afrontamiento serán los más adecuados para reducirlo.

Externalizar la enfermedad. Recordar que el paciente sigue siendo la misma persona de siempre y que el enemigo común es la enfermedad. Para “luchar” contra la enfermedad se deberá crear una alianza entre los profesionales sanitarios, la familia y el paciente.

No reforzar la conducta del enfermo. Reforzar la expresión de dolor por parte de la familia (al reaccionar pronto y responder de forma solícita a las quejas de los pacientes) es uno de los principales factores de empeoramiento y cronicidad.
A los familiares debe explicárseles que no se debe reforzar continuamente el dolor, ni hacer de él su eje principal en la convivencia familiar.

Establecer límites al dolor. En las familias en las que existe un familiar con dolor crónico se corre el riesgo de que todas las relaciones interpersonales estén basadas en la comunicación de aspectos asociados con el estado de salud del paciente.

Para evitar esto, se pueden realizar acuerdos familiares para poner límites a la comunicación.

Estos límites pueden ser temporales (sólo se puede hablar de la enfermedad en un tiempo del día determinado, que no excederá a media hora al día), espaciales (elegir un lugar, evitando que sea el dormitorio, para hablar del dolor o la enfermedad) o interpersonales (evitar hablar con los amigos, compañeros de trabajo, etc. de la enfermedad durante un tiempo excesivo, para evitar la pérdida de amistades y relaciones sociales).

El termómetro del dolor. Hablar del dolor, siempre subjetivo, en una escala de intensidad del 0 a 10.

De este modo será más fácil que el familiar entienda el nivel de dolor en el que está el paciente. Además de la labor meramente educativa que tienen los grupos de familiares de pacientes, las Escuelas de Familiares se convierten en un lugar de desahogo y apoyo emocional, donde los participantes pueden hablar con libertad sobre las preocupaciones, miedos, sentimientos de rabia e impotencia, ilusiones, etc. que les produce la convivencia con el familiar enfermo.

En la Asociación de Fibromialgia y Astenia Crónica de Aragón (ASAFA) se lleva a cabo periódicamente una Escuela para Familiares durante 3 meses, en la que participan habitualmente parientes directos de personas afectadas de fibromialgia y/o fatiga crónica (parejas e hijos, aunque en ocasiones también acuden amigos, hermanos o padres).

La Escuela se creó como respuesta a la demanda que hacían los familiares de tener un espacio para ellos en la asociación, donde poder informarse adecuadamente y comunicarse con otros familiares que estuviesen pasando por situaciones similares.

Los objetivos de esta actividad son los siguientes:

-Dar información actualizada sobre la fibromialgia y la fatiga crónica.
-Crear un espacio de comunicación donde expresar las vivencias, problemas diarios, temores, etc. que provoca la convivencia con el enfermo.
-Disminuir los síntomas ansioso-depresivos que puedan surgir como reacción adaptativa al diagnóstico de la enfermedad crónica en el familiar.

Todas las sesiones tienen una estructura similar, en la que se dedica una parte importante a presentar un tema relacionado con la enfermedad y posteriormente se anima a establecer un debate sobre éste.
Además, al principio de la experiencia se entrega a cada participante un dossierX con información elaborada específicamente para la EscuelaXI.
A lo largo de las distintas sesiones se introducen temas relacionados con la enfermedad y estrategias para mejorar la convivencia familiar, siguiendo el siguiente cronograma.

-Sesión 1. Diagnóstico y características de la FM y el SFC.

Durante la primera sesión se establece un diálogo en torno a las dificultades que los familiares con FM o SFC encuentran a la hora de ser diagnosticados, así como las dudas que surgen en la familia (principalmente dudas en torno a la gravedad de la enfermedad, la veracidad de los síntomas, etc.).

Una vez explicada la realidad vivida por cada participante, se procede a explicar en cómo se llega al diagnóstico de la enfermedad, recalcando la necesidad de pasar por diversas especialidades médicas para descartar otras patologías que pueden cursar con dolor crónico, fatiga, etc.

-Sesión 2. Tratamiento farmacológico y no farmacológico en FM y SFC.

En la segunda sesión se explican las diferentes vías de tratamiento: farmacológico y no farmacológico (ejercicio físico, rehabilitación, grupos educativos, psicoterapia, etc.), posibles para pacientes que sufran estas enfermedades, recalcando con énfasis la necesidad de tener un médico de referencia que sea quien regule los tratamientos e informe sobre los posibles pros y contras de cada uno de ellos. Es importante recordar a los familiares que el mantener un papel activo en la enfermedad será un elemento de buen pronóstico.

Sesión 3. Ansiedad y Depresión. Tratamiento y papel de la familia.

Se calcula que en torno al 71% de las personas con FM padecen o han padecido depresión en algún momento de su vida, porcentaje que es del 26% en el caso de la ansiedad. Estos trastornos deberán tratarse por profesionales de la salud mental, ya que acrecentarán la sintomatología propia de la enfermedad.

El papel de la familia en el desarrollo y mantenimiento de estos trastornos es de gran importancia. Por ello, durante esta sesión se abordan temas como la comprensión de la enfermedad, la cercanía con el familiar que la padece, etc., pero también otros como dejar libertad al paciente para que realice sus actividades, evitar la excesiva permisividad y cuidado, etc.

Sesión 4. Impacto del diagnóstico en la familia. Cambios en el ciclo vital.

La presencia de una enfermedad crónica en la familia supone una ruptura de la estabilidad a la que la familia en su conjunto deberá acomodarse. Durante esta sesión se trata el nivel de afectación que produce el diagnóstico y la presencia de la enfermedad a cada familia, los cambios en el ciclo vital, cómo afecta a los hijos el que uno de los padres padezca una enfermedad crónica, a la pareja, etc. Además, se van introduciendo pautas para mejorar la convivencia familiar, como mantener las aficiones individuales, no hacer de la enfermedad el centro de la vida familiar, cómo repartir las tareas del hogar y el cuidado del familiar, etc.

Sesión 5. El Síndrome del Cuidador.

Prevención y evaluación.

En ocasiones, la persona que se encarga de los cuidados principales del paciente (generalmente la pareja), puede desarrollar lo que se conoce como Síndrome del Cuidador. A modo de continuación de la sesión anterior, se introduce el concepto de Síndrome del Cuidador, hablando de qué lo produce, cómo prevenirlo, los problemas que pueden surgir por cuidar de nuestra autonomía frente al paciente, etc.

Sesión 6. Los hijos ante la enfermedad. Revisión y despedida.

Aunque ya habremos apuntado en sesiones anteriores problemas que pueden surgir con los hijos, durante esta sesión hablamos especialmente del impacto de la enfermedad en los hijos y problemas que han ido surgiendo (o que se prevé que puedan aparecer), como rebeldía, enfado con los padres por el aumento de la responsabilidad, enfermedades psicosomáticas, etc.

Será importante en esta sesión recalcar la necesidad de hablar con los hijos sobre en enfermedad del familiar, en un lenguaje adaptado a la edad, para mejorar el entendimiento y disminuir la ansiedad que produce el contacto con la enfermedad.

Para finalizar la sesión, y con ella la Escuela de Familiares, se realiza un breve repaso de lo tratado en las distintas sesiones y se resuelven dudas que puedan haber ido surgiendo.

Conclusiones

-La fibromialgia es una enfermedad crónica de etiología desconocida que afecta a gran parte de la población (entre el 2 y el 4 %) suponiendo un gran reto para la medicina del siglo XXI.

-Es necesaria una investigación multidisciplinar y de calidad para ampliar los conocimientos existentes sobre la fibromialgia (etiología, diagnóstico, tratamiento, variables psicosociales implicadas, etc.).

-El trabajo psicoeducativo con pacientes y familiares para que conozcan la enfermedad y cómo afrontarla en el día a día permite una mejor adaptación y calidad de vida tanto en los pacientes como en los familiares más cercanos

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Aida Pascual López Psicóloga. Doctora en Medicina. Asociación Aragonesa de Fibromialgia y Astenia Crónica (ASAFA).

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La compleja convivencia con el dolor 5/5 (7)

Dolor musculoesquelético: ¿cómo lo viven los pacientes?

Un modelo conceptual que ofrece oportunidades para un mejoramiento, haciendo participar a los pacientes en su tratamiento, mostrándoles que su dolor es comprendido y estableciendo la base para ayudarlos a seguir adelante con él.

Objetivo

Hacer una revisión sistemática e integrar los hallazgos de las investigaciones cualitativas para conocer más sobre el dolor musculoesquelético (DME) que sufren los pacientes con enfermedades crónicas no malignas.

Diseño y contexto

Síntesis de las investigaciones cualitativas que usaron metaetnografía basada en 6 bases de datos electrónicas hasta febrero de 2012 (Medline, Embase, Cinahl, Psychinfo, Amed y HMIC).

Método

Las bases de datos utilizadas fueron investigadas desde su inicio hasta febrero de 2012 y suplementadas por los contenidos de las búsquedas manuales de listas de revistas específicas del período 2001-2011, y el rastreo de las citas.

Resultados

Aparte de los 24.992 títulos, 676 resúmenes y 321 textos completos, se incluyeron 77 trabajos que reportaron 60 estudios. Surgió un concepto nuevo del dolor, una lucha contradictoria que consiste en: 1) la autoafirmación; 2) la reconstrucción de sí mismo en el tiempo; 3) la elaboración de una explicación para el sufrimiento; 4) la negociación con el sistema de salud; y, 5) la demostración de la legitimidad de su dolor.

Conclusiones

Esta revisión brinda un aval para mejorar la experiencia de los pacientes y facilitar su colaboración para su tratamiento. Se presenta un modelo conceptual que ofrece oportunidades de mejoramiento haciéndolos participar y mostrándoles que su dolor es comprendido, estableciendo la base para ayudarlos a seguir adelante con su dolor.

Introducción

El alivio del dolor es el objetivo fundamental de la atención de la salud, sin embargo, el dolor puede convertirse en un rompecabezas ya que no siempre se puede relacionar con una patología específica. Casi el 25% de los adultos sufre dolor moderado a grave y entre el 6 y el 14% de ellos el dolor es grave y discapacitante. El DME es uno de los tipos de dolor predominantes y motiva gran parte de las consultas en atención primaria.

El dolor crónico es una de las prioridades clínicas del Royal College of General Practitioners para el período 2011–2014. Aunque la idea de varias síntesis cualitativas ha contribuido a comprender mejor el proceso de la atención sanitaria, en otras áreas, la proliferación de estudios cualitativo ha resultado en que esos estudios están “condenados a no ser visitados nunca”.

El objetivo de esta revisión fue sintetizar las investigaciones cualitativas existentes para mejorar la comprensión y por lo tanto mejorar la atención de las personas con DME crónico. Hay varios métodos para hacerlo. Los estudios analizados comprenden desde los trabajos que describen los hallazgos cualitativos hasta los estudios que son más interpretativos y dan lugar a nuevas teorías.

La metaetnografía es una forma interpretativa de la síntesis del conocimiento, propuesta por Noblit y Hare que tiene como objetivo desarrollar nuevos conocimientos conceptuales.

La compleja convivencia con el dolor

Categorías conceptuales

“La redefinición de lo normal describe una manera de seguir adelante sin centrarse en las pérdidas sino en la reconstrucción de un nuevo ser aceptable”

El tema emergente principal fue la lucha contradictoria que impregna al paciente un sentimiento de culpabilidad “hasta que se demuestre su inocencia”.

la compleja convivencia con el dolor

Los pacientes luchaban por lo siguiente:

1. Afirmación del yo. Esta categoría incorpora una lucha por mi autoafirmación. En primer lugar, mi cuerpo se ha separado de mi y se ha convertido en un malvado.

Ya no soy un cuerpo sino que tengo un cuerpo. Segundo, aunque lucho para evitar la erosión de mi “antiguo ser real” y no “ceder” a mi cuerpo dolorido, me enfrento al hecho de estar irremediablemente cambiado. Finalmente, la pérdida de roles que me llevó a lo que ahora soy ha minado mi autoestima y me siento culpable porque no puedo cumplir con las expectativas de los demás.

El temor de sobrecargar a los demás y mi deseo de seguir mostrando mi antiguo ser me estimulan a ocultar mi dolor. Sin embargo, esto puede ser contraproducente ya que las personas no necesariamente creen lo que no pueden ver.

2.Reconstruirse uno mismo en el tiempo (construcción del tiempo alterada—impredecible ahora y en el futuro). Esta categoría muestra cómo se ha alterado la construcción de mi ser actual y futuro.

El día a día impredecible de mi dolor crea un presente atemporal e interminable en el que mi vida ha comenzado a ser dominada por la precaución y la pérdida de la espontaneidad. Los planes, las expectativas y los sueños del futuro están irreparablemente alterados y comienza a aparecer la introversión.

3. Elaborar una explicación para el sufrimiento. Este concepto describe la lucha por explicar un sufrimiento que no está justificado por parámetros biomédicos. El diagnóstico sigue siendo altamente valorado y en él se basa la credibilidad de ml relato. El descreimiento de los demás amenaza mi integridad personal.

La discrepancia entre las explicaciones culturalmente aceptadas y la experiencia personal da lugar a emociones muy fuertes. Me siento desvalorizado, con miedo, agitado, avergonzado y culpable. Una duda abrumadora impregna mi desempeño en el trabajo, la vida social, la atención de la salud y la familia.

4. Negociar con el sistema de salud. Esta categoría describe la lucha para negociar con el sistema de salud. Yo me siento “como un tonto” referido de aquí para allá a diferentes profesionales de la salud. Describe una postura ambivalente: aunque estoy reticente a participar en un sistema que no cumple con mis expectativas, al mismo tiempo me siento obligado o “quedar atrapado en ese sistema”.

Continúo en la atención sanitaria con la esperanza de una cura futura. Necesito sentirme valorado como persona dentro del sistema de salud.

Paradójicamente, a pesar de que quiero que mi afección física sea diagnosticada y tratada, también necesito ser considerado como algo más que un cuerpo. Esto es fundamental para la relación terapéutica y no un mero complemento.

5. Demostrar legitimidad. Esta categoría describe un protocolo o una “manera correcta” de sentir dolor y ser creíble. Esto no significa que el dolor no es real. Yo lucho para hallar un equilibrio justo entre el ocultamiento del dolor y su exteriorización. El impulso de ocultar el dolor y parecer “normal” se alimenta de mi sentimiento de vergüenza por tener dolor sin una explicación médica.

Paradójicamente, el ocultamiento del dolor puede amenazar mi credibilidad. Yo me esfuerzo por presentarme como una “buena” persona que no se queja de su dolor.

6. De cara al futuro siguiendo adelante con mi dolor.

A pesar de la lucha contradictoria, dicen los autores, nuestro modelo describe 6 maneras de seguir adelante con el dolor:

a) El hecho de escuchar e integrar a mi cuerpo dolorido muestra el desarrollo de una relación de confianza y cooperación con el cuerpo. Mi cuerpo alienado comienza a integrarse a partir de ser “escuchado” y respetado. Ya no estoy a merced del cuerpo, sino que somos compañeros en la experiencia.

b) La redefinición de lo normal describe una manera de seguir adelante sin centrarse en las pérdidas sino en la reconstrucción de un nuevo ser aceptable. Describe la aceptación de los cambios y el sentido de reparación de la existencia. Yo he cambiado pero sigo siendo yo y puedo disfrutar de la vida.

Esto se puede sentir al mismo tiempo que la pena por haber perdido el “antiguo yo real”. Este concepto se basa en los estudios que muestran la capacidad de redefinir el yo o la flexibilidad psicológica que puede ayudar a las personas a seguir adelante con el dolor y reducir su impacto.

c) Ser parte de una comunidad de personas con dolor crea el sentido de compartir, ser valorado y creíble. Sin embargo, a pesar de estos beneficios, también hay una sensación ambivalente: aunque soy como los demás al mismo tiempo no soy como ellos y necesito ser valorado como un individuo.

d) Comunicarles a los demás mi dolor me produce una sensación de liberación proveniente de no tener que ocultarlo, y de los beneficios de permitir que otros conozcan mis limitaciones. Estoy aprendiendo a limitar las demandas de los demás y manejar mis recursos.

Hay una sensación de que ya no necesito ganar la aprobación de los demás.

e) Darme cuenta de que no existe una curación para el dolor me libera de seguir buscando incesantemente una cura que hasta ahora ha limitado mis posibilidades de seguir adelante. Se comienza a sentir que la recuperación no se trata de seguir siendo lo que una vez fui sino de convertirse en alguien.

f) Convertirse en un experto se refiere a ser cada vez menos dependiente de un profesional de la salud para conocer y satisfacer mis necesidades. Yo voy a conocer mi propio cuerpo y a ganar confianza para experimentar y tomar mis propias decisiones.

Comentarios

Esta investigación representa un avance significativo sobre los estudios previos ya que ofrece una síntesis conceptual única y extensa de la investigación cualitativa que explora el DME crónico, utilizando la metaetnografía.

El modelo actual presenta una línea de argumentación que pone de relieve la lucha contradictoria de las personas con DME crónico, pero también ofrece la manera en que se pueden superar algunos aspectos. La innovación es mostrar que esa lucha tiene lugar en múltiples aspectos de la experiencia de la persona, los sentimientos sobre el cuerpo y sobre sí mismo, la trayectoria biográfica, las relaciones recíprocas, y la experiencia con los servicios de salud.

Se ha descrito la lucha por mantener elevada la autoestima mientras se sufre la incomprensión y el descreimiento ajeno. A pesar de esta lucha, el actual modelo ofrece una comprensión de cómo una persona con DME crónico puede seguir adelante con su dolor.

Esta experiencia contradictoria es fundamental para el modelo presentado, y es necesario hacer más investigación que exploren las similitudes y diferencias entre experimentar DME y otros tipos de dolor crónico (por ej., dolor por cáncer, cefalea o dolor visceral), lo que ayudaría a comprender la experiencia de sufrir dolor crónico.

Fortalezas y limitaciones

Los hallazgos de la investigación cualitativa son una manera importante de interpretar los datos. La fortaleza de la investigación cualitativa es que se centra en la interpretación y tiene como objetivo las ideas innovadoras y en desarrollo.

El modelo presentado está basado en un riguroso proceso de colaboración que duró 2 años. El lapso prolongado entre el final de la investigación y la publicación no es una limitación de este estudio. Como la síntesis cualitativa no trata de resumir todo el bagaje de conocimientos disponible, los metaetnógrafos no aconsejan hacer una investigación bibliográfica exhaustiva.

Algunos argumentan que la inclusión de demasiados estudios hace que el análisis conceptual sea “inmanejable ” o hace difícil mantener una visión o una “familiaridad suficientemente”.

Existen muy pocas síntesis metaetnográfias que incluyan un número tan grande de estudios; algunos sugieren que la metaetnografía es mejor para hacer síntesis más pequeñas.

El presente estudio se centró específicamente en la experiencia del DME, lo que podría significar que se excluyeron los trabajos con pacientes con dolor crónico en otros sitios (visceral o cefalea). Sin embargo, nuestro modelo, dicen los autores, puede transferirse a otras condiciones de dolor crónico y sería útil investigar en este sentido.

La síntesis cualitativa no tiende a usar listas de verificación y puntajes basados en los puntos de corte y apoya la conclusión de que existe poco acuerdo sobre las características que hacen que un estudio cualitativo sea bueno.

Esto suscita cuestiones acerca de cómo decidir qué es útil incluir en las revisiones sistemáticas cualitativas. Los autores siguen convencidos de que las listas de verificación continuarán dando lugar a criterios inconsistentes en cuanto a la calidad. Uno de los problemas es que aunque el rigor metodológico y conceptual contribuye a la calidad de la investigación, las listas de verificación tienden a enfocarse en los métodos más que en la visión conceptual.

Comparaciones con la literatura existente

“La aceptación de la experiencia de la persona y la interpretación empática de su historia no es un complemento sino una parte integrada a la atención médica”

Los hallazgos de este estudio coinciden con los de otras síntesis cualitativas. Por ejemplo:

En la artritis reumatoide se observa la necesidad de explicar los síntomas, su imprevisibilidad, la alteración del yo, el miedo al futuro y los efectos negativos sobre la participación social.

En la lumbalgia, el impacto del dolor en sí mismo y las relaciones con la familia y los profesionales de la salud.

En la fibromialgia, la calidad implacable del dolor, el aislamiento, la pérdida de la legitimidad y la búsqueda de una explicación.

Sin embargo, estos estudios reportan muy pocas estrategias exitosas. La presente innovación es presentar un modelo internacional nuevo e importante que destaca la amplia penetración de las experiencias contradictorias que sufren las personas con DME crónico, y ofrece una estrategia para superar algunos aspectos.

Implicaciones para la investigación y la práctica

El modelo aquí presentado brinda una base teórica para el apuntalamiento que permite mejorar la experiencia del paciente y la relación entre el paciente y el profesional de la salud como una “asociación de colaboración” para potenciar el automanejo.

La discusión de este modelo con los pacientes permite mostrarles que su dolor es comprendido y aceptado como verdadero, estableciendo una base para considerar las maneras de seguir adelante. Las personas con DME crónico sienten que no son comprendidas cuando relatan su dolor, lo que tiene claras implicancias en la práctica clínica y la educación.

El estudio también destaca la necesidad de estrategias educativas para mejorar la experiencia de los pacientes y los médicos en la atención de la salud.

El modelo sugiere que el meollo de la relación médico-paciente es el reconocimiento del paciente como una persona cuya vida ha cambiado profundamente.

La aceptación de la experiencia de la persona y la interpretación empática de su historia no es un complemento sino una parte integrada a la atención médica. El modelo también sugiere las posibilidades de ayudar a los pacientes a seguir adelante.

Es importante señalar que la argumentación apoya un modelo de atención de la salud en el que el profesional de la salud se encuentra junto a la persona como un socio colaborador. Este enfoque de colaboración es un factor importante para la atención médica adecuada, y coloca a los pacientes en el centro del proceso .

El estudio ilustra así el valor potencial de la investigación cualitativa que tiene en cuenta la voz del paciente, que influirá en la práctica clínica y las políticas de salud.

El modelo apoya un planteamiento no dualista que puede ser útil para otras enfermedades crónicas.

También sugiere posibilidades que podrían ayudar a los pacientes a convivir con su dolor, principalmente integrando su cuerpo dolorido; redefiniendo un sentimiento positivo de sí mismo ahora y en el futuro; comunicando el dolor en vez de ocultarlo, sabiendo que él no es el único con dolor crónico; recuperando el sentido de reciprocidad y la participación social; reconociendo las limitaciones del modelo médico y facultándolo para experimentar y cambiar la forma en que hace las cosas.

Una ayuda para comprender mejor y también mejorar la experiencia de la enfermedad crónica de estos pacientes sería la realización de más investigaciones que comparen la experiencia del DME crónico con otras condiciones crónicas.

Por otra parte, no se identificaron estudios que consideren específicamente el impacto de la edad o el sexo en la experiencia del dolor. Por último, la investigación para explorar el impacto de la investigación cualitativa sobre los profesionales y los responsables políticos ayudaría a maximizar su utilidad para mejorar la atención de la salud.

Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti

Autor: Dres. F Toye , K Barker el al. Br J Gen Pract 2013; DOI: 10.3399/bjgp13X675412

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Amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina en fibromialgia 5/5 (3)

Efectos en fibromialgia de Amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina

El objetivo del presente trabajo fue determinar las características clínicas y los patrones farmacológicos en sujetos que recibieron por primera vez amitriptilina, duloxetina, gabapentín o pregabalina en fibromialgia.

Introducción

La prevalencia estimada de fibromialgia, un trastorno doloroso crónico, es de más del 2%. Según los criterios de 2010 del American College of Rheumatology, la fibromialgia se diagnostica en presencia de dolor musculoesquelético generalizado que compromete 7 áreas específicas o más, fatiga moderada a grave y trastornos del sueño o síntomas cognitivos de más de 3 meses de evolución. Además, los pacientes con fibromialgia suelen presentar: rigidez articular, depresión, cefaleas frecuentes, mareos, debilidad e irritabilidad del aparato digestivo y genitourinario.

Los tratamientos farmacológicos en fibromialgia

Por el momento no se dispone de tratamientos específicos para la fibromialgia; diversos trabajos demostraron la utilidad de los antidepresivos tricíclicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN) y los inhibidores de la monoaminooxidasa en términos del alivio del dolor, la depresión, la fatiga, los trastornos del sueño y la calidad de vida.

Un estudio demostró la eficacia de la pregabalina y el gabapentín.

Los antiinflamatorios no esteroides (AINE) y los analgésicos opiáceos son ampliamente utilizados en los enfermos con fibromialgia con el propósito de reducir el dolor; de hecho, en un estudio previo, más del 50% de los pacientes con fibromialgia de diagnóstico reciente utilizaba AINE o fármacos opiáceos; el 30% estaba tratado con sedantes o drogas ansiolíticas.

En la última década, la duloxetina y el milnacipran, dos IRSN altamente selectivos, y la pregabalina, un agonista alfa2delta, se agregaron al arsenal terapéutico disponible para los enfermos con fibromialgia; los tres fármacos han sido aprobados por la Food and Drug Administration para la terapia de estos pacientes.

Amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina en fibromialgia

Amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina en fibromialgia

Pacientes y métodos del estudio

El estudio de cohorte utilizó la información proporcionada entre 2007 y 2009 por la Innovus Invision Data Mart. El registro aporta datos sobre los diagnósticos clínicos, las internaciones y la utilización de fármacos para más de 14 millones de afiliados al sistema en los EE.UU.

Para el presente análisis se incluyeron los pacientes adultos que tuvieron al menos una prescripción de amitriptilina, duloxetina, gabapentín o pregabalina en el transcurso del período en estudio, en relación con el diagnóstico de fibromialgia.

Se excluyeron los enfermos que habían utilizado alguno de los cuatro fármacos en los 180 días del período basal y los pacientes que recibieron más de una droga.

Se tuvieron en cuenta las variables demográficas, otros trastornos vinculados con la fibromialgia (dolor lumbar, cefalea crónica, depresión, ansiedad, dolor crónico, fatiga, trastornos del sueño y dolor abdominal), las comorbilidades (hipertensión arterial, diabetes, accidente cerebrovascular, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica, enfermedades malignas, tabaquismo, obesidad y artritis inflamatoria) y la utilización de fármacos para la fibromialgia (opioides, benzodiazepinas, anticonvulsivos, antidepresivos, antimigrañosos, relajantes musculares, somníferos, analgésicos tópicos, glucocorticoides por vía oral, fármacos gastrointestinales, AINE no selectivos e inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa-2).

Las comorbilidades se valoraron con el índice de Charlson-Deyo de 19 patologías.

Se obtuvo información acerca de la duración del tratamiento con las cuatro drogas, los cambios en las dosis diarias y el porcentaje de enfermos que mantuvo la terapia y que inició el tratamiento con otros fármacos para la fibromialgia. Mediante modelos de regresión logística se establecieron las asociaciones entre las características basales y el inicio del tratamiento con amitriptilina, duloxetina o pregabalina; el gabapentín se consideró el fármaco de referencia.

Resultados

Entre 2007 y 2009 se identificaron 116 183 enfermos con diagnóstico de fibromialgia, al menos en una ocasión; 74 378 de ellos recibieron una primera prescripción de amitriptilina, duloxetina, gabapentín o pregabalina después del período de 180 días. Un total de 13 404, 18 420, 23 268 y 19 286 enfermos fueron tratados con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina, respectivamente.

Los participantes tenían entre 47.5 y 50.8 años en promedio; el 72% a 84% de los enfermos era de sexo femenino. El 63% de los pacientes que inició el tratamiento con amitriptilina, el 76% que lo hicieron con duloxetina, el 62% que recibió gabapentín y el 66% que fue tratado con pregabalina tuvieron diagnóstico de fibromialgia en dos oportunidades o más durante el estudio.

Los seguimientos más prolongados y más breves fueron de 195 días y de 141 días en los enfermos tratados con duloxetina y con gabapentín, en ese orden. El puntaje promedio del índice de comorbilidades fue semejante en los cuatro grupos (0.5 a 0.8).

El dolor lumbar fue el trastorno asociado con mayor frecuencia con la fibromialgia, referido por el 48% a 64% de los pacientes. El 22% a 30% de los enfermos presentaba cefaleas y el 16% a 19% tenía trastornos del sueño.

En los modelos con ajuste según las diversas variables de confusión, los pacientes de mayor edad, las mujeres, los sujetos fumadores, los enfermos con puntajes más altos del índice de Charlson y los pacientes con dolor lumbar y diabetes comenzaron, con mayor frecuencia, el tratamiento con gabapentín, en comparación con los otros tres fármacos.

En cambio, los pacientes con cefaleas, dolor abdominal y trastornos del sueño por lo general comenzaron la terapia con amitriptilina, respecto de gabapentín.

La depresión y la ansiedad fueron factores asociados con el inicio del tratamiento con duloxetina, en tanto que el dolor abdominal, los trastornos del sueño y las artritis inflamatorias por lo general anticiparon el inicio de la terapia con pregabalina.

Amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina en fibromialgia

Las dosis habituales de inicio de amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina fueron de 25 mg, 60 mg, 300 mg y 75 mg diarios, respectivamente. Más del 60% de los pacientes permaneció tratado con la misma dosis, en el transcurso del período de estudio.

Sólo el 42% de los enfermos tratados con amitriptilina, el 57% de los pacientes que recibieron duloxetina, el 40% de los sujetos asignados a gabapentín y el 45% de los participantes que recibieron pregabalina por primera vez continuaron la terapia durante 3 meses o más; en el mismo orden, el 28%, el 38%, el 25% y el 28% se mantuvieron con el tratamiento a los 6 meses.

Menos del 20% de los enfermos de los cuatro grupos persistió con la terapia durante un año como mínimo.

La mayoría de los pacientes continuó con la misma dosis durante el período de seguimiento; entre aquellos que continuaron el tratamiento por 6 meses como mínimo, el 77%, el 66%, el 70% y el 52% de los sujetos tratados con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina, respectivamente, no modificaron la dosis. Entre los pacientes asignados a gabapentín y pregabalina que continuaron con la dosis inicial, el 20% y el 22%, en ese orden, mantuvieron la terapia al menos durante 6 meses.

Al final del seguimiento, sólo el 7% de los enfermos tratados con amitriptilina utilizaba una dosis superior a los 50 mg por día, el 3% de los pacientes recibía más de 600 mg diarios de gabapentín y sólo el 4% utilizaba más de 150 mg diarios de pregabalina.

Entre los sujetos que iniciaron el tratamiento con gabapentín y pregabalina y que aumentaron la dosis durante el estudio, el 45% y 52%, respectivamente, mantuvieron la terapia por al menos 6 meses.

El tratamiento combinado no fue frecuente; el 8.5%, el 10.4%, el 8.1% y el 10.4% de los enfermos que comenzaron la terapia con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina, en orden respectivo, utilizaron otra droga u otros fármacos para la fibromialgia.

Muchos enfermos habían usado al menos un fármaco para la fibromialgia en el período basal; más de la mitad de los pacientes utilizaban opioides y una tercera parte estaba tratada con benzodiazepinas, drogas para los trastornos del sueño y relajantes musculares.

El número promedio de otros fármacos en el período basal fue de 7.9, 9.6, 9.3 y 8.7 en los enfermos que iniciaron la terapia con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina, respectivamente. Se comprobaron cambios significativos en el porcentaje de pacientes que utilizaban opioides, AINE, benzodiazepinas y relajantes musculares antes y después de comenzado el tratamiento con amitriptilina, duloxetina, gabapentín o pregabalina.

Discusión y conclusión

Los enfermos con fibromialgia tratados por primera vez con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina tienen, muy comúnmente, otros trastornos asociados con la fibromialgia y otras comorbilidades.

Los tratamientos, sin embargo, por lo general fueron de corta duración y sin aumentos de la dosis.

Las características basales fueron semejantes en los cuatro grupos. La mayor edad, el sexo femenino, el tabaquismo, los puntajes altos del índice de Charlson y el diagnóstico de dolor lumbar y diabetes fueron factores asociados con el inicio del tratamiento con gabapentín, la droga de referencia.

Los participantes de los cuatro grupos, no obstante, habían recibido un número importante de fármacos para la fibromialgia con anterioridad, con una media de 8 a 10. Al igual que en otros estudios, los agentes opiáceos, las benzodiazepinas, las drogas para inducir el sueño y los relajantes musculares fueron los fármacos utilizados con mayor frecuencia.

Habitualmente, el tratamiento se inició con dosis bajas y se mantuvo estable; sólo una quinta parte de los pacientes mantuvo la terapia al año.

Los autores destacan, sin embargo, que para la amitriptilina, el gabapentín y la pregabalina, el espectro de las dosis recomendadas es muy amplio; a menos que existan problemas de intolerancia, la dosis debe ser incrementada paulatinamente antes de considerar que el fármaco es ineficaz.

El 36% de los enfermos tratados con amitriptilina sólo recibió 12.5 mg por día durante el seguimiento.

Un estudio previo, controlado, reveló que el gabapentín, en dosis de 1 200 a 2 400 mg por día, es más eficaz que el placebo en términos del alivio del dolor y otros síntomas de la fibromialgia.

En una revisión sistemática, la pregabalina en dosis de 300 mg, 450 mg y 600 mg por día, no así de 150 mg diarios, fue eficaz en los sujetos con fibromialgia.

Sin embargo, en el presente estudio sólo el 3% de los enfermos que iniciaron tratamiento con gabapentín recibió más de 600 mg por día; igualmente, sólo el 4% de los pacientes que comenzó la terapia con pregabalina recibió más de 150 mg por día durante el seguimiento. Por lo tanto, los hallazgos indicaron que la mayoría de los enfermos con fibromialgia tratada con gabapentín y pregabalina no recibe la dosis apropiada de estos fármacos.

A pesar de las limitaciones inherentes a la metodología aplicada en la presente investigación, los hallazgos en conjunto indicaron que los enfermos con fibromialgia que iniciaron el tratamiento con amitriptilina, duloxetina, gabapentín y pregabalina presentaron con mucha frecuencia múltiples comorbilidades; además, el uso de fármacos para la fibromialgia fue habitual.

La mayoría de los pacientes persistió con la misma dosis de la droga considerada, por períodos breves.

A modo de conclusión, los autores hacen hincapié en la necesidad de mejorar el tratamiento de los sujetos con fibromialgia, en términos de las medidas educativas, el aumento a la dosis apropiada de los fármacos indicados y la adopción de medidas no farmacológicas, tales como el ejercicio aeróbico.

Dres. Kim SC, Landon JE, Solomon DH
SIIC Arthritis Care & Research Jul 2013

 

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Tinnitus en fibromialgia Síntomas 4.75/5 (8)

El tinnitus en Fibromialgia como un sintoma más, aparece espontaneamente y remite de la misma forma.

Aunque se ha avanzado mucho, el tinnitus sigue siendo un enigma científico y clínico. La condición es muy común y, aunque muchos pacientes no les preocupa excesivamente, otros sufren un trastorno que cambia su vida. En este Seminario se esboza el conocimiento actual de tinnitus, y evaluamos críticamente enfoques de tratamiento establecidos y nuevos.

Derivado del verbo latino tinnire (para que suene), el término tinnitus se describe la percepción consciente de una sensación auditiva en ausencia de un estímulo externo correspondiente. El tinnitus puede ser subjetivo, cuando la experiencia es del individuo solo, o, con menos frecuencia, objetivo, cuando un observador puede oír el zumbido.

Síntomas del Tinnitus

La sensación general es de silbidos, chisporroteos y timbres, aunque, en algunos casos, los sonidos son más complejos, tales como voces o música. Cuando las voces o música, o ambos, se escuchan como una forma de tinnitus, las percepciones son indistintas y no transmiten significado alguno, en contraste con las alucinaciones auditivas que pueden ocurrir con enfermedad psicótica.

El tinnitus puede ser a veces un sonido rítmico o pulsátiles. Pulsátil tinnitus puede ser sincrónico con el latido del corazón, en cuyo caso es probable que exista origen vascular, o asíncrono, en el que pueden estar relationados músculos del oído medio o palatina.

Tinnitus y estrés

El tinnitus puede ser constante o intermitente, y muchos pacientes experimentan más de un sonido. Puede estar localizado en uno o ambos oídos, o centralmente dentro de la cabeza, aunque algunos pacientes describen un punto externo de origen.

Tinnitus en fibromialgia

Tinnitus en fibromialgia

Tinnitus en fibromialgia

La aparición de tinnitus puede ser abrupta, pero es progresiva en la mayoría de los casos. La intensidad percibida puede variar, para algunas personas, la exacerbación junto excitación estrés es clara. La heterogeneidad de la experiencia de tinnitus ha obstaculizado la ciencia básica y la investigación del tratamiento.

Tratamiento del tinnitus

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Alimentación en Fibromialgia la dieta 4.5/5 (10)

La alimentación en fibromialgia la dieta nace de “Allá donde se crea una demanda nace un nuevo nicho de mercado” han sido los propios enfermos que bajos sus demandas han creado esta nueva necesidad, necesidad que por otra parte la reumatologia no la cree necesaria.

El papel de la Alimentación en Fibromialgia

La necesidad de encontrar una explicación a la enfermedad, en los últimos años y convertirse el enfermo en un activo principal de su propia curación ha hecho que la demanda en alza sea la alimentación en fibromialgia, lo que lo convierte en papel activo ejerciendo control sobre su propia enfermedad: esto lo demuestra el auge de nutricionistas que ofrecen información y dietas para el control de la enfermedad cuando la enfermedad no está medicamente justificada por el origen de la dieta.

Una mala alimentación debido a todo proceso de dolor crónico por inapetencia puede empeorar el estado de la enfermedad por lo que es primordial para no añadir más sintomas, pero el control de los sintomas mediante una dieta no es algo que hoy por hoy este justificado.

El hecho de que enfermos mejoren a través de dietas puede ser debido a una mala nutrición anterior o a un equivoco en el diagnóstico de la enfermedad, o una enfermedad paralela a la preexistente pero no a un efecto curativo de la dieta sobre la fibromialgia.

Dr. Ferrán sobre la alimentación en Fibromialgia la dieta:

“La Fibromialgia es una enfermedad debida a activaciones anómalas de neuromediadores que producen una percepción exagerada del dolor. Ni los suplementos de minerales ni la homeopatía, ni la dieta han demostrado un beneficio específico, aunque se recomienda una dieta sana, equilibrada, lo más restrictiva posible en aditivos y a ser posible, procedente de agricultura ecológica, pero no solo en esta enfermedad, sino como consejo general.” Dr. Ferrán, reumatólogo 28/01/2007

alimentación en fibromialgia la dieta

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¿Quieres conocer más sobre lo que dicen los expertos?

ALIMENTANDO LA INCERTIDUMBRE: EL PAPEL DE LA DIETA EN LA CONSTRUCCIÓN LEGA DE LA FIBROMIALGIA

Beatriz Tosal Herrero
Universidad Miguel Hernández
San Juan de Alicante
Departamento de Salud Pública, Historia de la Ciencia y Ginecología
Campus de Sant Joan
Ctra/Nacional N-332 s/n, Sant Joan, CP. 03550, Alicante, España
btosal@umh.es

Resumen:

La dieta se ha convertido en una expresión de la autoridad médica sobre la forma correcta de actuar en diversas enfermedades.

Sin embargo, en la fibromialgia, la dieta tiene un papel periférico desde la perspectiva médica, a pesar de que, para los afectados, resulta central para el control de los síntomas. En este texto analizaremos de qué forma utilizan los enfermos el seguimiento de diversas pautas dietéticas para reducir la incertidumbre sobre la enfermedad y migrar hacia otro diagnóstico.

…. la proliferación de discursos expertos en torno a ladieta en el caso de la fibromialgia puede ser visto como una estrategia de expansión profesional de una especialidad emergente, la nutrición,que busca hueco en el tratamiento del síndrome utilizando un discurso que compite con el «oficial» propuesto por la reumatología.

Por ello, el diagnóstico de fibromialgia sume al enfermo en la incertidumbre.

Esta situación genera la búsqueda de una explicación para sus síntomas y una solución para sus problemas fuera del ámbito de la reumatología, en la que la dieta tendrá un papel relevante por diversos motivos. Por un lado, porque el itinerario terapéutico posterior al diagnóstico incluye a otros profesionales o expertos, muchos de los cuales incluyen entre sus terapias la dieta.

Por otro, porque la información que circula entre los pacientes y la que se obtiene a través de las asociaciones de enfermos2 se centra, en muchos casos, en los consejos dietéticos, y estimula también la aparición de explicaciones sobre el lugar que ocupa la alimentación en la fibromialgia.
Todos estos discursos, que parten de profesionales y otros expertos,tienen repercusión en la percepción por parte de los enfermos de sus síntomas, ya que, en la base de los mismos, se encuentran elementos consolidados por la propia medicina en su divulgación sobre la composición de la dieta considerada sana y en la relación existente entre dieta y enfermedad.

Así, abonan el terreno para el surgimiento e identificación con este tipo de hipótesis.

… Se reconoce que no existe una dieta específica para la fibromialgia.

Esta situación se justifica, o bien a través de su relación con otros procesos reumáticos para los que no hay explicación, o bien con la reciente aparición del síndrome. No fue hasta hace poco, en el 1992, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció como patología. Es por esto que hay pocos estudios científicos que estudien sus causas y tratamiento y por lo tanto, elaborar una guía dietética es verdaderamente difícil.8

Por ello, las recomendaciones se elaboran a través de la inferencia de lo que ocurre en otras enfermedades y los efectos de la alimentación en ellas. Aunque en la mayoría de los casos no se hace mención específica a la fisiopatología del proceso, ni a si esos procesos ocurren en el caso de la fibromialgia.

Los enfermos de fibromialgia deben aportar una ingesta suficiente de calcio a través de la alimentación e incluso a través de suplementos, ya que una baja concentración de este en sangre es responsable de la aparición de espasmos musculares.

El magnesio interviene en el proceso de la contracción muscular y su carencia provoca estremecimientos musculares y calambres, además de apatía y debilidad.

Además, se deja entrever que, en la fibromialgia, existen determinados procesos fisiopatológicos subyacentes, algunos de los cuales entran en conflicto con la propia definición del cuadro desde la reumatología.
Dentro de esta situación encontramos, por ejemplo, como hipótesis etiológicas, la inflamación muscular, la reacción inmune o la acidosis.
Sí deseas más información sobre el tema de la alimentación en fibromialgia los nutricionistas y el auge de en la enfermedad y como desgranar los principales movimientos en este sentido lo podrás leer en AlimentAción, sAlud y culturA: encuentros interdisciplinAres pág. 164-185

Sí el dolor crónico te ha llevado a una mala alimentación, falta de apetito y has descuidado tu alimentación, doctoras expertas en fibromialgia te ayudan a llevar una dieta correcta para estados carenciales sufridos por el dolor, puedes consultarlo en dieta en Fibromialgia

Redactado por Fibromialgianoticias.com

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Fibromialgia la Costocondritis 4.6/5 (10)

Un sintoma de la Fibromialgia la Costondritis ¿Te duele el pecho y tienes fibromialgia?, ¿Dolor al toser?, ¿Duele al respirar?.

Costocondritis o costocondralgia en fibromialgia

Desde la Clínica Mayo se ofrecen los siguientes consejos para resolver la dudas de los pacientes.

¿Qué es la costocondritis?

La costocondritis es una inflamación del cartílago que conecta las costillas con el esternón lo que provoca dolor y sensibilidad en la pared torácica que a menudo se parece al de un ataque cardíaco u otros problemas al corazón.

Generalmente la costocondritis no tiene una causa evidente y desaparece por sí sola.

El tratamiento está dirigido a aliviar el dolor mientras se espera que este problema se solucione.

costocondritis

Fibromialgia costocondritis

¿Cuáles son los síntomas de la costocondritis?

• Dolor y sensibilidad en la pared torácica que puede ser agudo o sordo y persistente

• Dolor generalmente en el lado izquierdo del esternón aunque también puede aparecer en cualquiera de los lados del tórax

• Dolor cuando se inspira profundamente

• Dolor al toser

• Dificultad para respirar

¿Cuáles son algunas de las causas de la costocondritis?

En la mayoría de los casos, la causa de la costocondritis es desconocida.

Sin embargo, existen casos en los que hay una causa determinada. Estas incluyen:

• Lesión: Un golpe en el pecho

• Infección: Puede desarrollarse una infección en la articulación costoesternal que cause dolor

• Fibromialgia: La costocondritis puede ser un síntoma de fibromialgia, un trastorno que provoca dolor muscular y una sensación continua de cansancio

Costocondritis en fibromialgia

¿Cómo diagnosticará el medico la costocondritis?

Su médico tomará su historia clínica, le preguntará sobre sus síntomas y realizará un examen físico también puede palpar su esternón para detectar áreas de sensibilidad o hinchazón. Este trastorno no se puede ver con radiografías, sin embargo, su médico puede indicar algunas pruebas de diagnóstico para descartar otras causas del dolor, como por ejemplo una enfermedad al corazón o problemas gastrointestinales.

¿Cómo se trata la costocondritis?

La costocondritis generalmente desaparece sola en una o dos semanas.

Para que se sienta más cómodo, su médico puede recomendarle que tome lo siguiente:

• Fármacos antiinflamatorios no esteroideos o también conocidos como NSAID, como ibuprofeno (Advil, Motrin)o naproxeno (Aleve)

• Relajantes musculares para ayudarlo a aliviar el dolor.

Estas dos clases de medicamentos pueden irritarle el estómago por lo que debería tomarlos con comida.

También hay algunas medidas de cuidado personal que puede tomar para sentirse más cómodo. Estas incluyen:

• Descansar mucho y evitar las actividades que puedan empeorar el dolor

• Ejercicios suaves como caminar o nadar para mejorar su humor y mantener su cuerpo sano. Sin embargo, no haga demasiado ejercicio y deténgase si su dolor aumenta.

• Su médico puede sugerirle que use una almohadilla térmica sobre el área adolorida varias veces al día. Mantenga la almohadilla térmica en valores bajos para evitar quemaduras.

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Cirugia y dolor diferencias entre hombre y mujer Valora la información

El hombre siente más dolor tras cirugía importante

Los hombres sienten más dolor tras las cirugías importantes, halla un estudio Pero las mujeres experimentaron más incomodidad tras los procedimientos menores, muestra una investigación El sexo podría tener algo que ver con el nivel de dolor que un paciente siente tras una cirugía, sugiere una investigación reciente.

Un estudio australiano con más de 10,000 personas halló que los hombres experimentan más dolor tras una cirugía mayor, mientras que las mujeres reportaron sentir más dolor tras los procedimientos menores, como las biopsias.

Cirugia y dolor diferencias entre hombre y mujer

“La influencia del género y los sexos es un tema clave en la investigación médica actual. Pero la literatura actual en el campo de la medicina perioperatoria raramente se enfoca en esa cuestión”, comentó en un comunicado de prensa de la Universidad Médica de Graz el coautor del estudio, el Dr. Andreas Sandner-Kiesling, del departamento de anestesiología y cuidados intensivos de la universidad, en Austria.

“Nuestro objetivo es analizar una población grande para hallar diferencias en la percepción postoperatoria entre los sexos”, explicó Sandner-Kiesling.

Cirugia y dolor diferencias entre hombre y mujer

Los pacientes que participaron en el estudio de cuatro años fueron entrevistados en un plazo de 24 horas tras la cirugía. De los pacientes encuestados, el 42 por ciento eran hombres y el 58 por ciento mujeres. Se les preguntó sobre la operación, la anestesia que habían recibido, y su dolor y bienestar.

Aunque el sexo no tuvo un efecto sobre el dolor tras la cirugía en general, cuando los investigadores agruparon a los pacientes con tipos similares de cirugías hallaron que sí tenía un rol significativo.

Diferencias sexuales en la percepción del dolor

El estudio, que fue presentado el martes en la reunión Euroanaesthesia en Estocolmo, reveló que los hombres tenían un 27 por ciento más de probabilidades de sufrir de más dolor moderado tras una cirugía mayor vascular y ortopédica. Por otro lado, las mujeres tenían un 34 por ciento más de probabilidades de reportar más dolor tras procedimientos menores.

“Las diferencias sexuales en la percepción del dolor se siguen disputando arduamente, tanto en el campo experimental como en el clínico. Nuestros datos no clarifican el tema de forma definitiva, pero según nuestros hallazgos, se puede suponer que el tipo (y la gravedad) de la cirugía podría desempeñar un rol crucial”, escribieron los investigadores.

Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

Fuente | Medical University of Graz, Austria

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Costes económicos por fibromialgia Valora la información

El enfermo de fibromialgia ha de soportar unos gastos de 1000 euros mensuales

La fibromialgia cuesta una media de 1.000 euros al mes a quien la padece, sumando las perdidas de ingresos y los gastos extra en terapias. Este es uno de los datos desvelados ayer por el doctor Antonio Collado en su intervención en la Jornada de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica ‘Nuevas Investigaciones’.

El doctor Antonio Collado, reumatólogo, jefe de Unifaf Especializada en Fibromialgia del Hospital Clínic de Barcelona y coordinador del Comité Científico de la Fundación intervino con una ponencia sobre ‘Investigación Nacional en Fibromialgia, Apoyo y Difusión’ y realizó la ‘Presentación del Estudio Epiffac. Resultados de la Fase III y explicación Fase IV’, junto a Emilia Altarriba Alberch, presidenta de la Fundación FF.

Costes económicos por fibromialgia

En declaraciones a este diario, el doctor Collado, adelantó datos desvelados en dicha jornada regional convocada y organizada por la Federación de Fibromialgia Síndrome de Fatiga Crónica de Castilla y León. (FFISCYL).

El estudio epidemiológico nacional del que Antonio Collado extrajo los datos, «valora el impacto de la fibromialgia en el entorno laboral, familiar, social y sanitario»,aclaró. Se trata de una «fotografía real» de esta situación en prácticamente todas las comunidades autónomas de la nación.

En atención a dicho estudio, el 27%de las familias de personas con fibromialgia, tienen que cambiar su actividad laboral.

El 23%de los pacientes tienen que pedir la invalidez permanente, de los cuales, el 50%tiene que hacerlo por vía judicial. Otras de las conclusiones de dicho estudio es la buena valoración de los pacientes a la estructura familiar y el suspenso al entorno sanitario.

Retraso del diagnóstico

Otro dato importante, desvelado por este profesor ha sido el del retraso del diagnóstico en una media de 7 años.

Todo ello refleja la panorámica de una «situación que conviene mejorar y buscar alternativas sobre políticas de detección precoz de la enfermedad».

Fuente | El norte de Castilla

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