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Intolerancias alimentarias e Intolerancia química múltiple. Intolerancias, cuando el organismo dice no

En Medicina, se conoce como intolerancia aquel proceso según el cual, el organismo reacciona adversamente al contacto con una sustancia determinada, de manera que el mismo produce una determinada reacción física que puede llegar a provocar incluso la muerte. Las alergias respiratorias, las intolerancias alimentarias o la intolerancia química múltiple son claros ejemplos de cómo, en ocasiones, nuestro organismo rechaza sustancias aparentemente inocuas.

Intolerancias alimentarias e Intolerancia química múltiple

Alergias

El Doctor Enrique Martí Guadaño es Jefe del Servicio de Alergología de la Clínica CIMA y cuenta con una dilatada experiencia en el estudio y tratamiento de todo tipo de alergias, que no son más que una reacción inmunológica alterada. Como afirma el Doctor Martí Guadaño, “existe una alergia cuando el sistema inmunitario no reconoce como normal el contacto con una sustancia determinada”. Para llegar a la conclusión de que el organismo rechaza el contacto con una sustancia existe toda una batería de pruebas y análisis, totalmente indoloros, que ayudan a identificar el origen de la reacción adversa.

Intolerancias alimentarias e Intolerancia química múltiple

Actualmente entre un 25 y un 30% de la población occidental padece algún tipo de alergia, cifra que ascenderá al 50% para el año 2015, según previsiones del Instituto Karolinska. Esto convierte a la alergia en uno de los problemas de salud más acuciantes del llamado Primer Mundo.

Como recuerda Enrique Martí, “no todas las alergias tienen la misma gravedad, ni afectan de igual modo. Existen grados que van desde la levedad más simple a la gravedad más extrema, cuando el contacto con una sustancia puede producir la muerte.

Tipos de alergias

Dentro de las alergias, las más frecuentes son las llamadas respiratorias, y entre éstas la Rinitis y el Asma. Las causas de estas afecciones son diversas, aunque entre las más comunes pueden encontrarse los ácaros, presentes en el polvo; los diferentes pólenes; las epiteliales (pelo) de animales domésticos, sobre todo gatos y perros; y los hongos presentes en la humedad ambiental.

8 de cada 10 alergias es respiratoria, las otras 2 se reparten entre alimentarias, medicamentosas y por picaduras.Una persona de cada 150 padece de intolerancia al gluten, presente en los alimentos compuestos de trigo, cebada, avena o centeno

Rinitis

La Rinitis es una inflamación de los conductos nasales que se concreta en estornudos múltiples y continuados, gran cantidad de mucosidad con presencia de hidrorrea (molesto goteo nasal), y picor de nariz. El Asma por su parte, se caracteriza por una dificultad para respirar, con una sensación de falta de aire. Con un tratamiento adecuado esta afección es reversible en la mayoría de casos.
El diagnóstico de las alergias se realiza en base a un completo historial clínico y a una serie de pruebas cutáneas de contacto con diversas sustancias. En unos 20 minutos se tiene el resultado, que se completa con análisis para observar la presencia de inmunoglobulinas anómalas.

Tratamientos de las alergias

Una vez detectada la alergia, el primer paso terapéutico es evitar todo contacto con la sustancia que la provoca, cosa que en algunos casos, como alergias alimentarias o medicamentosas es relativamente sencilla, pero que en las respiratorias no lo es tanto. Además de evitar el contacto, la terapéutica también cuenta con toda una serie de medicamentos que contribuyen a evitar los efectos de la alergia. Entre éstos se encuentran los antihistamínicos, los broncodilatadores y los antiinflamatorios.

En este sentido, los medicamentos son cada vez más efectivos y seguros, mejorando notablemente la calidad de vida del paciente. El único tipo de tratamiento que puede variar el curso de la enfermedad es, sin embargo, la vacuna. Eso sí, siempre que la causa esté identificada y el alergólogo la crea necesaria.

Predisposición genética

Sobre la predisposición genética a padecer una alergia, el Doctor Martí Guadaño sostiene que “existen determinados grupos familiares más predispuestos a padecer problemas alérgicos”.

A pesar de ello, recuerda también que “no existe hoy por hoy prueba alguna que determine fiablemente si hay predisposición a padecer una alergia determinada, aunque sí que existen indicadores”. Es cierto que se están llevando a cabo en la actualidad diversos estudios genéticos para determinar factores como el “gen del asma”, que permita prevenir si una persona puede llegar a padecer dicho problema. Como se ha comentado, las alergias respiratorias son mayoritarias, de hecho, de cada 10 alergias, 8 son de este tipo.



Las otras 2 se reparten entre alimentarias, medicamentosas o por picaduras.

Las intolerancias alimentarias

Como apunta el Doctor Modesto Varas, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo de CIMA, cabe distinguir dos grupos dentro de las llamadas intolerancias alimentarias; por un lado las alergias a determinados alimentos o intolerancias alimentarias propiamente dichas, entre las que destacan la intolerancia a la lactosa y al huevo; y la celiaquía o intolerancia al gluten.

Esta diferenciación se debe a una cuestión capital, “la celiaquía, a diferencia de las intolerancias alimentarias, produce una afectación del organismo en forma de atrofia del intestino”, señala el Doctor Varas.

La enfermedad celíaca, en personas predispuestas genéticamente, está producida por una reacción alérgica del intestino al gluten (gliadina), proteína que se encuentra en los alimentos que contienen trigo, cebada, centeno o avena. Su prevalencia es de 1/150. Es una enfermedad de por vida, aunque el diagnóstico se realiza tardíamente, frecuentemente en la edad adulta. Los síntomas clásicos incluyen pérdida de peso, distensión abdominal, gases, diarreas (por mala absorción intestinal), anemia ferropénica, osteoporosis, debilidad y abortos recurrentes

Se estima que entre un 30 y un 50% de la población “sana” sufre intolerancia a la lactosa, la alergia alimentaria más común

Celiaquia

La celiaquía puede diagnosticarse con análisis de sangre (anticuerpos como el Antiendomisio y la Transglutaminasa tisular que poseen muy buena sensibilidad y especificidad); pero es necesario examinar una muestra de tejido intestinal, obtenida por endoscopia (biopsia) para confirmar el diagnóstico histológico.

La celiaquía es una enfermedad crónica tanto en el niño como en el adulto, pero la salud es buena si se sigue una dieta estricta sin gluten; los alimentos que deben evitarse incluyen aquellos que contienen harina de trigo como el pan y sus derivados, pasteles, galletas, conservas, así como los que contienen centeno, cebada o avena.

Para prevenir recidivas, deficiencias nutritivas (especialmente patología ósea) y complicaciones autoinmunes o neoplásicas (linfoma intestinal y adenocarcinomas digestivos), se recomienda una dieta estricta exenta de gluten. Se están ensayando tratamientos alternativos que incluyen una vacuna todavía en experimentación.

Intolerancias y Alergias alimentarias

Entre las intolerancias o alergias alimentarias, la intolerancia a los azúcares (lactosa, fructosa, sacarosa) es muy frecuente; concretamente la intolerancia a la lactosa se presenta en el 30-50% de la población “sana”, con síntomas como diarrea, dolor abdominal, y gases, que en ocasiones se han atribuido a un colon irritable, y en realidad son debidos a la mala absorción de azúcares o carbohidratos.

El diagnóstico se puede realizar de forma sencilla por el test del aliento con la determinación del H2 en el aire espirado después de la administración oral del correspondiente carbohidrato.

Su eliminación de la dieta (productos lácteos en el caso de la intolerancia a la lactosa, y frutas en el caso de la intolerancia a la fructosa) produce resultados espectaculares.

Alergias alimentarias

Más allá de la celiaquía, las alergias alimentarias más frecuentes lo son a las proteínas de la leche de vaca y de la clara del huevo, a los pescados, crustáceos y mariscos, y a las frutas y legumbres. Estas alergias suelen producir síntomas cutáneos agudos (urticaria, etc…), síntomas digestivos agudos (náuseas, vómitos, dolor, diarrea), y en un pequeño porcentaje de casos, anafilaxia generalizada.

El único tratamiento eficaz es la dieta de exclusión o eliminación del alergeno.

La intolerancia química múltiple

Como señala el Doctor Ferran J. García, Jefe del Servicio de Reumatología de CIMA, en su libro Abriendo Camino, “el trastorno en la respuesta fisiológica de determinados individuos frente a una multiplicidad de agentes y componentes que se encuentran en el medio ambiente, alimentos o incluso medicamentos, recibió la denominación de Intolerancia Química Múltiple (IQM) o Síndrome de Intolerancia Química Múltiple en los años 80”.

Tanto por su origen como por sus características es objeto de intensa discusión porque la mayoría de los “casos” de este trastorno tienen muy pocos aspectos comunes, dada la variedad de síntomas que presentan las personas afectadas y el grado mismo de su afectación. También existe una clara controversia en cuanto a los criterios médicos que hay que aplicar para su diagnóstico.

Y es posible, además, que no se trate de un solo trastorno sino de muchos trastornos distintos que obedezcan a diferentes mecanismos.

Las estimaciones de los casos existentes de este trastorno o condición en la población son absolutamente dispares. En EEUU sería del orden del 2% hasta algo menos del 10 % de la población general. Entre las personas afectadas hay un predominio de mujeres y, si bien hay unas manifestaciones que son las más frecuentes (en el sistema nervioso central, respiratorio y gastrointestinal), en general, pueden tener su origen en cualquier sistema.

Ecologia clínica

Inicialmente, al estudio de este tipo de trastornos, así como a la búsqueda de soluciones, se les dio un enfoque estricta y exclusivamente médico. Los profesionales que los trataban se consideraban especialistas en “ecología clínica”.

El sufrimiento de algunas de las personas afectadas puede llegar a ser importante como consecuencia de los padecimientos físicos de la enfermedad y de las limitaciones de vida a que frecuentemente se ven sometidas, al reducir drásticamente su capacidad laboral y su autonomía personal:el entorno físico y/o el ambiente químico fácilmente les resultan hostiles, por lo que deben evitar aquellos entornos que, por propia experiencia, han comprobado que les causan reacciones indeseadas o adversas.

Por todo ello, la consideración de los afectados dentro de la sociedad es realmente muy discutida: a menudo están en entredicho, son víctimas del rechazo médico y social por ser considerados como simuladores y, en consecuencia, no obtienen el lógico beneficio de una atención sanitaria y de otras prestaciones adecuadas a su situación. No hay duda de que se trata de un trastorno, o grupo de trastornos, que ocasionan sufrimientos cuya magnitud no se puede evaluar más que por las consecuencias físicas, psicológicas y sociales en las personas que los padecen.

Hay una gran variedad de situaciones y/o condiciones de las personas afectadas difíciles de distinguir. De hecho, no todas las denominaciones empleadas para este tipo de trastornos significan exactamente lo mismo.

Diversos estudios apuntan que entre un 2 y un 10% de la población general en EEUU padece de Intolerancia Química Múltiple

Los agentes causantes son de lo más variado; van desde agentes ambientales, como las pinturas y el humo, pasando por plaguicidas y disolventes hasta el calor o el herpes zoster, incluidos alimentos, aditivos alimentarios, y medicamentos. Así mismo, los síntomas manifestados varían ampliamente según los sistemas afectados y, dentro de cada uno de ellos, hay distintas variantes.

No obstante, los más frecuentes son dolor de cabeza, mareo, debilidad, confusión, dificultad de concentración, opresión pectoral, trastornos gastrointestinales, ansiedad y disnea.

La mitad de las personas afectadas manifiestan tener dolor de cabeza, debilidad, problemas de memoria, falta de energía, congestión nasal, dolor o compresión en la garganta y molestias en las articulaciones (de los sistemas nervioso central, neuromuscular, respiratorio, y esquelético, respectivamente), alrededor de casi un tercio refieren otros síntomas, de otros sistemas orgánicos, como son dolor abdominal, náuseas, trastornos visuales, opresión pectoral, etc.

Todos estos síntomas son referidos por los afectados por la IQM con una frecuencia mayor que por la población general, especialmente los que se refieren al sistema nervioso central, la piel, vías bajas del aparato respiratorio, y los generales de tipo sistémico.

Una cuestión importante es lo limitado de los datos existentes sobre la exposición química, tanto la inicial, a partir de la cual se desarrolla el proceso, como de las posteriores, desencadenantes de las nuevas crisis o episodios subsiguientes. Mientras en un estudio el 80% de los afectados dicen saber, cuándo, dónde y qué sustancia originó el trastorno (el 60% de los cuales lo relacionan con los plaguicidas), en otro la mayoría de los participantes es incapaz de identificar todas estas circunstancias.

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