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Carta de Victor Claudín al presidente

Victor Claudín es periodista y escritor, autor entre otros de “Me llamo Marta y tengo Fibromialgia”

Collado Mediano, 3 de mayo de 2006
Sr. Presidente:
Por tercera vez me dirijo a usted, aunque sepa que no obtendré más que la respuesta burocrática y demagógica del director de su gabinete, si es que aún no me considera un loco pesado al que ya no merece la pena contestar.
Mi mujer (la protagonista del libro de “Me llamo Marta y soy fibromiálgica” que publiqué en el 2004 sobre nuestra vida con la enfermedad) es fibromiálgica, lleva más de cinco años diagnosticada como tal y le acaban de dar el alta tras un segundo proceso de baja que ha terminado con un nuevo dictamen del tribunal médico en ese sentido, el de incorporarse a su puesto de trabajo como ayudante de producción en Telemadrid, donde su dirección, afortunadamente, la ha recibido con la comprensión que la enfermedad necesita, esa compresión que llevamos años esperando de las instituciones públicas y los responsables políticos, pero que nunca llega.

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Mi mujer está muy mal, aunque muchas veces aparente que está en perfectas condiciones y haga unos esfuerzos sobrehumanos por levantarse cada mañana. Mi mujer se deteriora día a día en un proceso imparable. Mi mujer llora y grita de dolor por las noches, cuando no controla sus emociones, en esos escasos ratos que concilia un sueño que no llega en ningún caso a ser reparador. Mi mujer padece toda una serie de trastornos que todas las enfermas de fibro conocen perfectamente: desde trastorno del colon a tunel del carpo en ambas manos, pasando por migrañas con aura. Y vértigos: ya apenas puede salir sola de casa, no puede subirse a un avión y en el coche padece una enormidad.

El otro dia, una policía local del pueblo la trajo a casa; hace un tiempo, en la estación de Atocha se tuvo que tirar al suelo y arrastrarse hasta entrar en un vagón; en otra fecha, cruzó la Gran Vía hablando conmigo por el móvil y fijandose exclusivamente en los talones de la gente que iba delante. Muchas veces cojea, se le caen las cosas de las manos…

Hace unos días llegó un doctor de urgencias para verla porque creíamos que le estaba dando una ataque al corazón, o similar. No, no se moría, era, probablemente, un agudo ataque de ansiedad, as? que el médico se fue sin más pruebas, sin medicación, sin nada más que una palmadita en… en el aire porque no se la puede tocar. Yo no la puedo acariciar porque le hago daño.
Mi mujer está muy mal. Además, tiene 3 sobre 4 en la valoración del síndrome de fatiga crónica que le ha hecho una prestigiosa clínica barcelonesa, algo demostrado y que el INSS tampoco ha tenido en cuenta. Etc.
Pero a mi mujer el Ministerio de Trabajo no le puede dar una incapacidad. Y la razón es que carece de baremos. Sí, sí que lo entienden, que saben de su sufrimiento, pero que no pueden atender su reclamación porque no saben, porque ignoran, porque no saben, porque no tienen…
Pues sepa, Sr. Presidente, que la culpa de ir tan atrasados en un asunto que afecta, sin duda, a más de dos millones de personas de este país como mínimo, sobre todo mujeres, que la culpa de no tener la sensibilidad de afrontar radicalmente un problema tan grave como este, que tanto y tanto sufrimiento provoca, no es de las enfermas, de los enfermos. Es de usted, de su gobierno y de todas las autoridades implicadas. Y del Presidente anterior, del gobierno anterior y de las anteriores autoridades implicadas. Lo va a ser de los futuros? ?Hasta cuándo se va a mantener este asunto en estas condiciones?
Y el que no haya unidades multidisciplinares que procuren atenci?n a todas las enfermas y a todos los enfermos, no es culpa de ellos, es culpa de la ineficacia de un sistema que no sabe ver el drama de un enorme puñado de enfermos. Lo mismo que el hecho de que a los médicos de familia aún no se les haya enseñado qué es la fibro y cómo se tiene que atender, por lo que algunos siguen manteniendo que no existe, o mantienen burlas o comentarios jocosos, o se les hace un daño irreparable.
Maldita sea!
Sr. Presidente: Es de verdad el Presidente de todos los españoles? Pues sepa, si es que lo quiere o?r, que no está teniendo en cuenta, ni usted ni su gobierno, a un enorme porcentaje de la población, que sufre, grita, llora y va perdiendo la vida a cada paso. Pero no sangra, por lo que no se ve su enfermedad, y parece cierto el refrán de que ojos que no ven corazón que no siente. Lo que pasa es que aquí los ojos son los de la sociedad y el corazón de los enfermos.
Usted ha demostrado tener cierta sensibilidad en algunos momentos y sobre algunos asuntos. ?Haga algo!
Desde luego nosotros no nos vamos a quedar encerrados en casa, pudriéndonos de asco, aunque sólo sea por nuestro hijo. De momento vamos a seguir levantando la voz hasta que nos quedemos afónicos, pero la desesperación puede conducir a comportamientos más incomprensibles, como antes ya se produjeron suicidios y, sobre todo, separaciones conyugales, de mujeres que ya habían dicho un millón de veces: Esposo, no puedo más!
En una respuesta del Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, me explicaba lo que se hab?a aprobado el 10 de mayo de 2005. Como hombre preocupado por este asunto, como marido de una mujer enferma, como persona a la que decenas de pacientes recurren para saber algo y para sentirse todo lo queridos que no lo son en su vida ante las instituciones sanitarias, incluso como periodista, se puede saber algún dato concreto que se haya hecho sobre aquellas buenas intenciones?
Estos serán los puntos mínimos que, cuando se pongan en marcha, de verdad, no sólo con intenciones programáticas o delegando en otros estamentos del Estado, podríamos estar hablando de que este gobierno comienza a tomarse en serio este terrible mal: Información a todos los afectados, desde pacientes a médicos. Investigación, sea en el terreno público o en el privado. Tratamiento adecuado a lo que se sabe, y a la dolencia que se manifiesta. Consideración de la enfermedad como invalidante, de acuerdo con unos baremos que se pueden establecer en cuanto se tenga conciencia de que los enfermos son enfermos de verdad y que su sufrimiento es auténtico, que todavía se duda.
Usted tiene la palabra, pero sobre todo, la responsabilidad del poder, del poder necesario para paliar urgentemente, al menos en parte, tanto sufrimiento.
Cordialmente, Víctor Claudín. DNI: 1089566-X

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