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Dolor crónico tratamiento la problemática

El dolor crónico en la actualidad, un articulo publicado en El pais en 2013: Dolor crónico tratamiento la problemática

Alrededor de un 11% de la población europea sufre un dolor crónico, según una encuesta europea con 1.000 pacientes —de los cuales 200 eran españoles— hecha por el laboratorio Boston Scientific. Es el último intento de radiografiar un problema de salud y económico, y de llamar la atención sobre una situación que no avanza. Datos de estudios similares de hace cinco o diez años indicaban un porcentaje de afectados similar. No solo el dolor es crónico: la falta de atención adecuada lo es también.

El dolor crónico se define como el que dura más de seis meses. La cifra es extrapolable a España. Y sus complicaciones, también. Un 68% de los encuestados no encuentra un alivio a pesar de haber probado varios tipos de fármacos u otras terapias. Y solo un 10% es remitido directamente a una unidad específica. La escasa formación del personal sanitario sobre tratamientos adecuados y el desconocimiento de la población de la existencia de los mismos se erigen como las principales causas, según la encuesta.

Dolor crónico tratamiento la problemática

El camino para el paciente no es fácil. Primero acuden a los médicos de atención primaria, donde les dan analgésicos, necesitándose, en muchas ocasiones, varias visitas hasta lograr un ajuste. “El problema es cuando se prueba que un fármaco no sirve, entonces el médico no sabe a qué tratamiento acudir”, dice María Luisa Franco, médico de una clínica del dolor y colaboradora de la encuesta.

La tasa de suicidios entre los afectados dobla la media nacional

Que se lo digan a Ana Cordonilla, una mujer de 50 años que tenía un dolor de cabeza que no la dejaba ni de día ni de noche. “Estuve primero con la médico de cabecera, que me recetó pastillas, y luego pasé por rehabilitación. No tenía consuelo con nada, ni morfina ni nada”, cuenta. En total pasaron 10 años hasta que ingresó en una clínica especializada.

Además, en España, los opioides como la morfina para tratar el dolor intenso son apenas utilizados en un 1% de los casos, cuando se trata de dolores severos, según datos de la Sociedad Española del Dolor (SED).

Aunque el país ya ha dejado los últimos lugares en el ranking europeo en cuanto al uso de opioides, todavía hay muchos mitos que impiden su aplicación.

“Primero, se cree que los opioides solo se deben utilizar en pacientes terminales. Y segundo, que crean adicción. Esto último no es verdad y hay estudios que demuestran que solo un porcentaje bajísimo presenta adicción”, dice Franco.

“En muchas ocasiones, el profesional sanitario no tiene la formación suficiente para entender el dolor como una enfermedad en sí y no como un síntoma”, dice Concha Pérez, directora de la Unidad de Dolor del hospital de La Princesa de Madrid y portavoz de la SED. Según la médica, el hecho de que su enseñanza en las facultades no esté normalizada explica que no se den los tratamientos más idóneos.

Dolor crónico tratamiento la problemática

el dolor como una enfermedad en sí y no como un síntoma

Los recelos ante la morfina dificultan el abordaje de los casos graves

Es el caso de Caridad Benita, de 79 años, que tardó más de una década en trasladarse a una clínica del dolor. “Cuando llegué y me implantaron un estimulador de médula espinal (un método que transmite impulsos eléctricos suaves que impiden que las señales de dolor lleguen al cerebro), mi vida cambió. Ahora puedo disfrutar de mi familia”, dice.

A la escasa formación médica se une la falta de clínicas especializadas. En España existen unas 108 unidades del dolor, la mayoría dependientes de los servicios de anestesiología de los hospitales. Pero solamente unas 10 cumplen con el máximo nivel, es decir, son independientes de otros servicios de los hospitales y tienen un presupuesto y personal propio. “El problema es que hay muchas unidades que las lleva una sola persona. Faltan psicólogos (un especialista fundamental para los expertos) o tratamientos intervencionistas”, dice Pérez.

El dolor acompaña a la mayoría de los pacientes toda la vida.

Y sin un tratamiento adecuado pueden llegar a aislarse de sus familiares y amigos y a dejar sus trabajos. Así, un 12% de los encuestados se separa de su pareja. Además, la posibilidad de suicidio es el doble. Para la familia de José Luis Nieto, de 60 años, fue difícil lidiar con la enfermedad. Después de haber sido operado por un tumor en la cabeza, la cara le quedó paralizada y la sensación de golpes y pinchazos “no le dejaba estar en ningún momento”. Sus familiares lo dejaron todo para apoyarlo. “Mi madre y yo tuvimos que dejar la empresa que teníamos para cuidarlo. Él no paraba de llorar. Fue muy difícil”, cuenta su hija.

Mientras tanto, la demanda sigue ahí y en un año las unidades de dolor han atendido a más de 200.000 personas (unas unas 4856 por unidad), según Pérez. La mayoría de las consultas las acaparan los dolores musculoesqueléticos, especialmente los lumbares.

Pepa Garrido, de 43 años, tuvo que dejar su empleo como administradora por un infarto cerebral. “Muchas veces no tienes motivación ninguna”, dice. “Aun así, tienes que aprender a convivir con ello y seguir adelante”.

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El dolor sufrido por un médico

“El roce de las sábanas me producía un dolor insoportable”.

Testimonio del Dr. Andrés Huete, médico de Dispositivo de Cuidados Críticos y Emergencias Sanitarias en Jaén, y al mismo tiempo, paciente con Dolor por Neuropatía Diabética.

– La Neuropatía Diabética, la complicación más frecuente de la diabetes, es una afectación del sistema nervioso que, en uno de cada tres casos, produce un dolor crónico de gran intensidad1

– Los médicos de Atención Primaria juegan un papel fundamental en la prevención y detección de esta complicación de la diabetes. Para ayudarles en su labor, la OMC y Lilly han editado la ‘Guía de Buena Práctica Clínica en Dolor Neuropático en el paciente diabético’

Dr. Andrés Huete El dolor sufrido por un médico

“Hace treinta y un años que soy diabético y quince que sufro dolor por Neuropatía Diabética. Comencé a notar una especie de entumecimiento, que se conoce como parestesias, en las piernas. Era un hormigueo en las pantorrillas y en los pies, que se fue transformando en sensación de calambres y, más tarde, en dolor ante el más mínimo roce. Sólo el contacto con las sábanas me producía un dolor insoportable. Soy médico, así que mi diabetes combinada con este intenso dolor me hizo pensar que había desarrollado una Neuropatía Diabética. Acerté”.

De este modo, el Dr. Andrés Huete, médico del Dispositivo de Cuidados Críticos y Emergencias Sanitarias en Jaén, explica cómo le cambió la vida esta afección del sistema nervioso que sufren el 50% de los pacientes diabéticos y que provoca un dolor crónico de gran intensidad en uno de cada tres casos1.

El dolor sufrido por un médico

Los médicos también padecen dolor crónico y las dificultades del tratamiento

Dificultad para diagnosticar el dolor

Si bien se trata de la complicación más frecuente de la diabetes y el paciente suele consultar con su médico por el fuerte dolor, el diagnóstico no es fácil. “Se trata de una enfermedad que durante cierto tiempo pasa desapercibida, en primer lugar, por ciertas barreras del sistema sanitario, como el tiempo de atención al paciente; la desinformación de algunos de mis colegas de profesión en esta área; así como la edad de los pacientes, que hace que se piense antes en problemas osteoarticulares relacionados con su edad que en una neuropatía” enumera el Dr. Huete.

Precisamente, para facilitar la labor de los médicos de Atención Primaria y ayudar a diagnosticar esta complicación derivada de la diabetes, se ha editado la “Guía de Buena Práctica Clínica en Dolor Neuropático en el paciente diabético”, editada por la Organización Médica Colegial (OMC) y Lilly, y cuyos contenidos están avalados por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Entre otras cosas, esta Guía ayuda a los profesionales sanitarios a detectar ciertos síntomas de alarma y a llevar a cabo una serie de pruebas que determinarán el diagnóstico: la entrevista clínica, para conocer los antecedentes personales del paciente, así como las características de los síntomas referidos, etc; la exploración física, para buscar alteraciones sensoriales (test del filamento) y motoras; así como otras pruebas complementarias (analíticas, estudios de conducción nerviosa, etc.). Además de esta Guía, Lilly ha desarrollado un material formativo destinado a al sector de la enfermería y otro educativo dirigido a pacientes.

Limitaciones que obligan a cambiar de vida

“Empecé a ver cómo la enfermedad limitaba mis actividades cotidianas. En esa época, yo daba paseos diarios, pero el dolor en los pies y en las piernas me obligaba a parar continuamente. Del mismo modo que tuve que renunciar a otra de las aficiones que compartía con mi pareja: los bailes de salón. En el plano profesional la enfermedad también me limitaba. Soy médico del Dispositivo de Urgencias y no poder realizar mi trabajo con normalidad me desesperaba”, relata el Dr. Huete, un ejemplo de por qué la Neuropatía Diabética Dolorosa se asocia a una peor calidad de vida.

“Como médico, haber desarrollado un complicación como la Neuropatía Diabética Dolorosa fue desesperanzador. Aún así, por mi carácter, al principio intenté aceptarlo de forma positiva, pero con el tiempo se me hizo más difícil de superar” recuerda el Dr. Huete. De hecho, no es fácil asumir las limitaciones en actividades cotidianas, de ahí que sea frecuente que estos pacientes también presenten depresión, ansiedad y alternaciones del sueño.

Enfoque multidisciplinar

La Neuropatía Diabética Periférica (NDP), sea o no dolorosa, no puede entenderse como algo aislado sino que requiere un enfoque integral y multidisciplinar, en cuanto a prevención (control de la hiperglucemia, monitorización de los factores de riesgo cardiovascular, evitar la aparición del pie diabético tomando ciertas medidas de higiene, y tratamiento de la comorbilidad asociada) así como en cuanto al tratamiento fisiopatológico y al alivio sintomático.

En este sentido, “el futuro es esperanzador, ya que los fármacos mejoran la calidad de los pacientes que sufrimos esta enfermedad” explica el Dr. Huete refiriéndose a los tratamientos sintomáticos, como la duloxetina (antidepresivo), que reducen la intensidad del dolor.

 

Referencias:

1. Álvarez-Guisasola, F; Blanco Tarrio, E. et al. Guía Buena Práctica Clínica en Dolor Neuropático en el paciente diabético. Pág. 34

Noticiasmedicas.es

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El dolor crónico en España.

Según el director de la catedra de Dolor Fundación Grünenthal-Universidad de Cádiz, Juan Antonio Micó, el déficit de unidades de control crónico en España hace que el objetivo de mitigarlo “sea difícil de conseguir”.

En uno de cada cuatro hogares españoles hay un adulto que padece un dolor crónico y que, frecuentemente, presenta síntomas de ansiedad y depresión, según los datos obtenidos de una encuesta realizada por el Observatorio del Dolor de la cátedra externa del Dolor Fundación Grünenthal-Universidad de Cádiz y presentada por el director de la dicha cátedra, Juan Antonio Micó.

En el marco de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid, Micó ha recordado que, en muchos casos, estos pacientes se ven obligados a dejar sus trabajos y a abandonar sus actividades sociales como consecuencia de esos dolores crónicos.

El dolor crónico en España lo padece un 16 por ciento

Y es que, según esta investigación, dirigida por la profesora Inmaculada Failde, cerca del 16 por ciento de la población española presenta algún tipo de dolor con más de tres meses de evolución y desde hace más de diez años, lo que produce importantes limitaciones en las actividades de su vida diaria.

Asimismo, la percepción del impacto del dolor es mayor en los familiares cuidadores que en los propios pacientes, aunque ambos identifican las mismas circunstancias asociadas como, por ejemplo, la tristeza y alteraciones del sueño fundamentalmente. A pesar de todo esto, más del 80 por ciento de los encuestados se encuentran satisfechos o muy satisfechos con la atención recibida.

dolor crónico en España

Observatorio del dolor

Déficit de unidades de control crónico en España

No obstante, y aunque actualmente se disponen de los suficientes conocimientos, fármacos y técnicas para controlar el dolor, el jefe de la Unidad de Dolor del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, Luis Miguel Torres, ha asegurado que el déficit de unidades de control crónico en España hace que el objetivo de mitigarlo “sea difícil de conseguir”.

En este sentido, la doctora del servicio gallego de Salud, Dolores Martín, ha recordado que varias comunidades autónomas han puesto, o están en vías de desarrollar, planes específicos para el problema del dolor y se esperan resultados “satisfactorios a medio y largo plazo”.

Sin embargo, los expertos, representados por el presidente de la Sociedad Española del Dolor, Diego Contreras, han aseverado que se ha solicitado a las administraciones “que sean sensibles con el problema que más deteriora la calidad de vida de los enfermos”.

“El futuro pasa por potenciar la asistencia especializada, la investigación, la formación y la participación activa de los pacientes. Trabajar en estas dos direcciones es rentable económicamente a medio y largo plazo”, ha subrayado Contreras.

En este sentido, el profesor de la Universidad Castilla La Mancha, Álvaro Hidalgo, ha informado de que se estima que el dolor crónico cuesta más de 3.000 millones de euros al año, y en España supone más del 1% del Producto Interior Bruto (PIB).

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Terapias alternativas en fibromialgia

Las terapias alternativas 250 millones de libras al año

Pocas terapias alternativas son eficaces en enfermedades musculoesqueléticas

Un estudio de la Arthritis Research UK, en Reino Unido, ha revelado que existe poca evidencia científica que avale la eficacia de las numerosas terapias alternativas que utilizan muchos afectados por enfermedades musculoesqueléticas, como la artritis o la fibromialgia, para combatir sus dolencias.

Tras analizar numerosos estudios, han analizado estudios de 25 alternativas terapéuticas a la medicina tradicional y han descubierto que la mayoría de tratamientos analizados o no han sido probados de forma científica o se han sometido a investigaciones limitadas.

De hecho, sólo se ha encontrado cierta evidencia científica que respaldo ciertos usos de la acupuntura, los masajes, el taichi y el yoga, mientras que otras alternativas como la terapia magnética o las pulseras de cobre no han ofrecido apenas resultados convincentes.

Para desarrollar el estudio, que ha sido liderado por el profesor de la Universidad de Aberdeen (Escocia), Gareth Jones, se buscaron ensayos clínicos controlados y aleatorios, escritos en inglés y publicados antes de mayo de 2011.

Para la artritis se encontraron 53 ensayos de 14 terapias diferentes con cerca de 6.000 pacientes, pero sólo el taichi y la acupuntura parecieron funcionar.

terapias alternativas en fibromialgia

terapias alternativas en fibromialgia

Terapias alternativas en fibromialgia

En el caso de la fibromialgia, hubo 50 ensayos de 17 terapias diferentes probadas en más de 3.000 pacientes. La acupuntura y el masaje obtuvieron buenos resultados, seguidos de cerca por el taichi y la terapia de relajación.

Para el dolor de espalda, el yoga y la acupuntura mostraron ser las terapias más eficaces, y hubo algunas pruebas que también apoyaban el uso de la osteopatía y también la terapia de relajación, así como la técnica Alexander, que se centra en la postura y el movimiento.

Esta última dolencia es además la más investigada, con 75 ensayos de 14 terapias diferentes a través de más de 11.600 participantes.

Según ha explicado Jones, en declaraciones a la BBC, salvo “algunas excepciones”, no hay constancia de que todas estas terapias sean eficaces. Lo único, puntualiza, es que están “relativamente a salvo de efectos secundarios, incluso aunque no sean eficaces”.

El problema de optar por estas alternativas es más de índole económica, ya que los autores calculan que cada año se gastan 250 millones de libras en estas terapias. “Un coste enorme para algo sin mucha evidencia”, para este experto.

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