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dolor crónico y trastornos del sueño

RESUMEN

Padecer dolor crónico supone un importante impacto sobre la calidad del sueño del paciente que lo sufre. Una mayor intensidad de dolor se ha asociado a una mayor prevalencia de trastornos del sueño, siendo esta relación recíproca y que perpetúa un círculo vicioso entre ambos.

¿Qué relación hay entre dolor crónico y trastornos del sueño?

Teniendo en cuenta que algunos de los fármacos que manejamos habitualmente para el control analgésico, fundamentalmente opioides, pueden modificar la arquitectura del sueño, tanto positiva como negativamente, consideramos importante empezar a valorar la calidad del sueño del paciente con dolor crónico como un indicador de calidad en el manejo del tratamiento analgésico.

El dolor crónico afecta al 20-35% de la población mundial.

Más del 60% de los pacientes que lo sufren, lo refieren de intensidad moderada-severa reconociendo haber experimentado dolor crónico durante más de 5 años. El gran impacto económico y social de este tipo de pacientes supone un factor determinante y prioritario a tener en cuenta a nivel de planificación sanitaria, y más, observando la tendencia al aumento del envejecimiento poblacional que se sufre a nivel mundial.

Padecer dolor crónico supone una reducción significativa de la calidad de vida del paciente, manifestándose con disminución de la calidad del sueño, interferencia a nivel social y de las actividades diarias, disminución de la capacidad cognitiva del paciente y predisposición a sufrir ansiedad y depresión.

Recientes estudios enfatizan que a pesar de que el control de la intensidad del dolor es un objetivo prioritario a la hora de plantear el tratamiento del dolor crónico, otros factores concomitantes al dolor deben de tenerse en cuenta como marcadores de la calidad de tratamiento del mismo.

En recientes investigaciones, la calidad del sueño se está empezando a considerar como un factor crítico e independiente del resto de comorbilidades asociadas al dolor, siendo de fundamental importancia a la hora de evaluar el enfoque satisfactorio del tratamiento del paciente con dolor crónico.

Se estima que entre un 50-70% de los pacientes con dolor moderado-intenso sufren trastornos del sueño asociados a despertares nocturnos por dolor, dificultad para quedarse dormido y sueño no reparador.

Estos trastornos del sueño presentan una relación directa y recíproca con la intensidad de dolor que sufre el paciente: el dolor produce mala calidad del sueño y este último a su vez conlleva un incremento en la intensidad de percepción del dolor.

Ciertos fármacos que empleamos habitualmente en el tratamiento del paciente con dolor crónico afectan a la arquitectura del sueño.

A pesar de que se asume que los fármacos analgésicos se prescriben para controlar el dolor, se ha visto que también pueden interaccionar a nivel de la calidad del sueño y en consecuencia afectar a la percepción de la intensidad del dolor del paciente.

A continuación realizamos una revisión sobre la calidad del sueño de los pacientes con dolor crónico, y cómo los opioides influyen sobre ambos.

PREVALENCIA DE TRASTORNOS DEL SUEÑO EN PACIENTES CON DOLOR CRÓNICO (5,6)

La prevalencia de trastornos del sueño en los pacientes con dolor crónico es mayor que en la población general, estimándose que entre un 50 y un 89% de los pacientes con dolor crónico en las Unidades del Dolor padecen pobre calidad del sueño, por lo que es razonable pensar que la mayoría de ellos sufren este problema. Recientes investigaciones confirman que ciertas patologías, como las enfermedades reumáticas y las cefaleas, se asocian con mayor disfunción del sueño.

Por lo tanto, esta disminución de la calidad del sueño supone una merma significativa en la calidad de vida del paciente, que desde nuestro punto de vista, deberíamos de empezar a objetivar para su mejor control analgésico.

Subjetivamente, el paciente lo refiere frecuentemente como insomnio (dificultad para quedarse dormido, despertares precoces). Objetivamente se demuestra que el paciente con dolor crónico experimenta fragmentaciones del sueño y disminución del sueño reparador.

Sin olvidar, que también se pueden presentar trastornos primarios del sueño como apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, hipoventilación-obesidad que agravan todo el cuadro.

CALIDAD DEL SUEÑO COMO OUTCOME INDIVIDUAL EN EL CONTROL DEL DOLOR (7,8)

La calidad del sueño se está empezando a considerar como un factor crítico e independiente del resto de comorbilidades asociadas al dolor, de fundamental importancia a la hora de evaluar el enfoque satisfactorio del tratamiento del paciente con dolor crónico. Se estima que entre un 50- 70% de los pacientes con dolor moderado-intenso sufren trastornos del sueño, asociados a despertares nocturnos por dolor, dificultad para quedarse dormido y sueño no reparador.

Relación directa dolor crónico y trastornos del sueño

Estos trastornos del sueño presentan una relación directa y recíproca con la intensidad de dolor que sufre el paciente: el dolor produce mala calidad del sueño y este último a su vez conlleva un incremento en la intensidad de percepción del dolor.

En recientes investigaciones se demuestra que el dolor crónico puede interrumpir el sueño y al mismo tiempo, esta mala calidad del sueño puede aumentar la percepción de dolor, creando un círculo vicioso difícil de romper y que influye en la respuesta al tratamiento analgésico pautado.

Por todo ello, es razonable pensar que un manejo satisfactorio del control del dolor, puede mejorar las alteraciones del sueño en pacientes con dolor crónico y viceversa.

De esta manera, se propone considerar la calidad del sueño como un factor crítico e independiente del resto de comorbilidades asociadas al dolor, de fundamental importancia a la hora de evaluar el enfoque satisfactorio del tratamiento del paciente con dolor crónico.

INFLUENCIA DE LA DEPRIVACIÓN DE SUEÑO Y PERCEPCIÓN DEL DOLOR (9)

Como se ha ido comentando anteriormente, el dolor crónico se asocia frecuentemente a trastornos del sueño, por ejemplo, cambios en la arquitectura del mismo e incremento de la somnolencia diurna.

Nuevas hipótesis sugieren que estas modificaciones de los patrones del sueño pueden afectar a la modulación del dolor agudo y crónico.

Según la relación recíproca entre sueño y dolor ya explicada, investigaciones realizadas sugieren que la deprivación de sueño puede provocar hiperalgesia. De este modo, esta deprivación puede interferir en el resultado del tratamiento analgésico mediado por opioides y mecanismos de acción serotoninérgicos.

En experimentación animal se ha observado que esta supresión de la fase REM del sueño produce menor eficacia antiálgica de la morfina en dolor inducido. Esto sugiere que los opioides pueden ser menos eficaces bajo condiciones de supresión de fase REM en dolor crónico, e indica también que la administración de morfina podría exacerbar la supresión de la fase REM que está asociada a mayor sensibilidad hacia el dolor.

EFECTO DE LA MEDICACIÓN ANALGÉSICA EN LA ARQUITECTURA DEL SUEÑO DEL PACIENTE CON DOLOR CRÓNICO (10-13)

Ciertos fármacos que empleamos habitualmente en el tratamiento del paciente con dolor crónico pueden afectar a la arquitectura del sueño. A pesar de que se asume que los fármacos analgésicos se prescriben para controlar el dolor, se ha visto que también pueden interaccionar a nivel de la calidad del sueño y en consecuencia afectar a la percepción de la intensidad del dolor del paciente, como hemos comentado en apartados anteriores.

La mayoría de las investigaciones, en este campo, se han realizado sobre opioides, más concretamente sobre morfina. El efecto analgésico de estos fármacos viene mediado por la acción sobre los subtipos de receptores ?, delta y kappa. La activación de los receptores mu y kappa es la responsable del efecto de sedación de estos fármacos, por la inhibición de las neuronas colinérgicas y noradrenérgicas.

En humanos con dolor crónico, la administración de morfina produjo una supresión dosis dependiente de la fase REM y SWS esenciales para el desarrollo fisiológico correcto de los ciclos del sueño.

A la hora de plantear la pauta de tratamiento analgésico, se recomienda el empleo de formulaciones retardadas, en vez de liberación rápida, para el óptimo manejo analgésico del dolor crónico, ya que en estudios realizados se objetiva que el empleo de formulaciones retardadas, reduce la aparición de trastornos del sueño asociado a fármacos analgésicos.

CONCLUSIONES

Se estima que entre un 50-70% de los pacientes con dolor moderado-intenso sufren trastornos del sueño, ello supone una merma significativa en su calidad de vida asociada al propio sufrimiento del dolor crónico.

La calidad del sueño se está empezando a considerar como un factor crítico e independiente del resto de comorbilidades asociadas al dolor. Una mayor intensidad de dolor se ha asociado a una mayor prevalencia de trastornos del sueño, siendo esta relación recíproca y que perpetúa un círculo vicioso.

Opioides y sueño

Estudios realizados sobre opioides y sueño, demuestran que la administración episódica de este tipo de analgésicos, produce una disminución de la fase REM del sueño y aumento de los despertares nocturnos.

Por ello, recomiendan la administración de formulaciones retardadas para evitar picos de dosificación, observándose un aumento del número de horas de sueño, menos problemas para conciliar y reducción del consumo de hipnóticos. En conclusión, los pacientes con dolor crónico sufren con frecuencia mala calidad del sueño.

Este trastorno en el descanso nocturno, como hemos visto, repercute negativamente en la percepción del dolor, e incluso puede requerir un aumento del consumo de analgésicos, como consecuencia de perpetuación del circulo vicioso sueño y dolor. La repercusión que tiene una analgesia efectiva sobre la arquitectura del sueño, y más específicamente con el manejo de los opioides, queda de manifiesto.

Consideramos relevante empezar a considerar en nuestra práctica clínica habitual la calidad del sueño como marcador de calidad del manejo analgésico del paciente con dolor crónico.

Correspondencia: Ana Belén Mencías Hurtado Unidad del Dolor Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria Carretera del Rosario, s/n. 38010.

Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias E-mail: anamencias@gmail.com

 Sociedad española del dolor

Autores: Mencías Hurtado , A B ; Rodríguez Hernández , J L ;

Codigo de referencia de este contenido: Rodríguez Hernández , J L ; Mencías Hurtado , A B ; :Trastornos del sueño en el paciente con dolor crónico.

Rev Soc Esp Dolor 19 (2012);6 :332 – 334 _Servicios

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12. O nen SH, Onen F, Courpron P, et al. How pain and analgesics disturb sleep. Clin J Pain. 2005;21:422-31. 13. Miaskowski et al. Pharmacologic Management of Sleep Disturbances in Noncancer-Related Pain. Pain Manag Nurs. 2009;10:3-13.
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fibromialgia secundaria

El concepto de fibromialgia secundaria (FM) ha ganado un interés creciente en la última década.
Esto se debe a la constatación de que la fibromialgia tiene una comorbilidad con muchos trastornos reumáticos comunes y que influye, o debería influir, en su manejo óptimo 1 , 2 .
En esta edición de The Journal , Wolfe y colegas reconsideran el tema de la FM primaria y secundaria, se preguntan si son equivalentes 3 .
Actualmente, no existe un acuerdo universal en la definición.

El Dr. Kahler Hench, el creador del término fibromialgia , proporcionó esta definición: «La fibrositis se considera primaria cuando no hay un trastorno subyacente asociado y secundaria cuando se presenta en pacientes con enfermedad reumática u otra enfermedad orgánica subyacente» 4 .

El documento del Colegio Americano de Reumatología (ACR, por sus siglas en inglés) de los criterios de 1990 señaló: «Para evitar la discusión sobre la existencia o inexistencia de» fibromialgia secundaria «, que algunos investigadores creen que es fibromialgia causada [cursiva del autor] por otra condición, adoptamos el término fibromialgia concomitante secundaria [cursiva original] para indicar que ocurre fibromialgia en presencia de otro trastorno reumático significativo que puede haber sido causado o simplemente estar asociado con la fibromialgia del paciente » 5 .
En el documento actual de Wolfe se proporciona la siguiente definición: La FM secundaria es la FM que se produce en presencia de otro trastorno médico dominante y clínicamente importante 3 .
Estamos de acuerdo con esta definición simplificada y observamos que existe una lista cada vez mayor de trastornos asociados con la FM [ Tabla 1]; Si un paciente se designa como que tiene FM primaria se vuelve dependiente de una búsqueda diligente de todas esas comorbilidades asociadas.

comorbilidades fibromialgia

comorbilidades fibromialgia

Comorbilidades de la fibromialgia.

En un estudio, solo el 13% de los pacientes con un diagnóstico de FM con criterios ACR de 1990 no tenían otro trastorno de dolor 6 ; sin embargo, este estudio no registró otras comorbilidades potenciales como la apnea del sueño, la migraña, el trastorno temporomandibular, el síndrome de las piernas inquietas, la endometriosis, el síndrome del intestino irritable, el síndrome de vejiga hiperactiva, etc.

Por lo tanto, es muy probable que la prevalencia de la FM primaria sea mínima Si se tienen en cuenta todas las comorbilidades.

Observaciones similares han llevado a algunos a cuestionar la existencia de FM primaria 7 .

Wolfe, et al. llegan a la conclusión que la FM primaria y secundaria son equivalentes con respecto a la carga de síntomas 3 . Esta es la misma conclusión alcanzada en el estudio de criterios de ACR de 1990 5 .

La diferencia entre los dos estudios es el uso de la escala de distrés polisintomático (PSD) como herramienta de análisis.

El estudio actual utilizó datos del Banco Nacional de Datos para Enfermedades Reumáticas (NDB); esto restringe la cantidad de diagnósticos reumáticos utilizados en el análisis, ya que, como se señala, «Otra limitación potencial de estos datos fue nuestra incapacidad de conocer otros diagnósticos».

Debido a que no es posible extraer una lista completa de comorbilidades de Fibromialgia del NDB , los autores limitaron su análisis a los pacientes con artritis reumatoide (AR) y FM (criterios de 2016).

El primer grupo contenía 1525 participantes con un diagnóstico de FM sin evidencia de trastorno inflamatorio concomitante los pacientes con FM con trastornos no inflamatorios se incluyen en el estudio. Por lo tanto, se podría esperar que el grupo «primario» de FM incluye a pacientes con trastornos como migraña, osteoartritis, endometriosis, dolor posquirúrgico, neuropatía periférica, etc .; en otras palabras, no sería un grupo «limpio».

El segundo grupo contiene 12,037 pacientes con Artritis reumatoide, con un 22,3% con FM comórbida (según los criterios de 2016). No se da información sobre si alguno de los pacientes con AR tenía comorbilidades significativas distintas de la FM.

Por lo tanto, este estudio comparó las características clínicas de un grupo de pacientes con FM, que pueden o no haber tenido comorbilidades significativas, con 2 grupos de pacientes con AR, aquellos con y sin FM comórbida. Teniendo en cuenta la rareza de la FM primaria como se señala anteriormente, se deberían cuestionar las conclusiones alcanzadas en este documento.

Los autores destacan la importancia de sus hallazgos:

“la demostración de la presencia y la igualdad de los síntomas de la FM y la FM con otros problemas médicos es una razón para dudar de la investigación de la FM, en la que la FM se trata como una enfermedad que se compara con otras enfermedades.

Tales estudios son comunes, pero son defectuosos e inválidos por naturaleza, y llevan a conclusiones erróneas porque la fibromialgia también puede estar presente en lo que se consideraría el grupo de control » 3 .

El problema con esta afirmación es que los autores no han demostrado la presencia y la igualdad de los síntomas de la FM en todas las condiciones médicas.

Han demostrado que algunos síntomas de FM son comunes en algunas afecciones médicas. Sin embargo, estos puntos comunes incluyen fatiga, falta de sueño, síntomas depresivos y síntomas intestinales intermitentes, que forman parte de los criterios de 2016 y son algunos de los síntomas más comunes observados en la atención primaria 8 .

Un tema importante es la no inclusión de algunos trastornos no inflamatorios comunes; por ejemplo, los dolores de cabeza por migraña ocurren en aproximadamente el 30% de los pacientes con FM 9 y la diabetes se informa en aproximadamente el 18% 10 .

Por «universalidad» de la PSD, se implica que casi todas las afecciones crónicas pueden ubicarse en el espectro de la PSD y compararse sobre la base común de la gravedad de los síntomas.

La afirmación de la universalidad se basa en demostrar que artritis y FM no difieren en la PSD y los síntomas asociados cuando la PSD se controlan estadísticamente. Hay 2 temas aquí. La primera se refiere a la idoneidad de la DSP como medida representativa de la FM y la gravedad de los síntomas en general 11 .

No es sorprendente que se encuentre una similitud de artritis reumatoide/ FM, dado que sus síntomas son comunes a muchas afecciones crónicas (por ejemplo, dolor, fatiga, falta de energía, estado de ánimo deprimido).

Por el contrario, el Symptom Impact Questionnaire (SIQR) 13 contiene más síntomas y puede discriminar entre FM, artritis reumatoide y lupus eritematoso sistémico, utilizando los síntomas de «dificultad para sentarse durante 45 minutos» y «sensibilidad al tacto» 14 .

Además, en un estudio para encontrar los síntomas que distinguen la FM de otros pacientes con dolor crónico, el síntoma de «dolor intenso persistente en la mayor parte del cuerpo» fue mucho más discriminatorio que una escala de dolor de escala analógica visual 15 . Estas preguntas SIQR no se utilizan en el PSD.

La segunda preocupación es el uso de un control estadístico para demostrar la equivalencia de Fibromialgia y artritis reumatoide en la carga de los síntomas. No es sorprendente el hecho de que los resultados mostraron una equivalencia entre los 2 grupos: si la PSD es un determinante principal de las diferencias de los síntomas de la artritis reumatoide / FM, el control de la PSD puede borrar o atenuar las diferencias en la PSD y los resultados que se correlacionan.

Este artículo 3 se centra en la escala PSD como una herramienta de organización para presentar el argumento de que la AR se puede usar como un grupo de control ideal para los estudios comparativos del dolor en la FM.

Debido al  creciente conocimiento de que la fibromialgia tiene asociaciones con muchos otros trastornos, la cuestión de la clasificación en fibromialgia primaria y secundaria ya no es pertinente, ya que la mayoría de los pacientes con fibromialgia «primaria» tendrán comorbilidades.

El Dr. Wolfe llega a las mismas conclusiones

Secondary Fibromyalgia
 ROBERT M. BENNETT and RONALD FRIEND
 The Journal of Rheumatology February 2019, 46 (2) 127-129; DOI: https://doi.org/10.3899/jrheum.180611
4.33/5 (3)

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