,

a-Amilasa en Fibromialgia

Fernando Martínez-Pintor1, Adela Fusté Escolano2, José Ruiz Rodríguez3,J. Cuatrecasas Ardid4, A. Reig Gourlot4

1Reumatólogo, director del Instituto de Reumatología Barcelona, Policlínica Barcelona.
2Psicóloga, profesora titular dept. Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos, Universidad de Barcelona.
3Psicólogo del Instituto de Reumatología Barcelona, profesor asociado dept. Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos, Universidad de Barcelona.
4Médico adjunto del Instituto de Reumatología Barcelona, Policlínica Barcelona.

Correspondencia: Dr. D. Fernando Martínez-Pintor
Instituto de Reumatología de Barcelona, Policlínica Barcelona
Calle Guillermo Tell nº 4
Barcelona 08006
e-mail: martinez_pintor@yahoo.com
Recibido: 16/10/2013
Aceptado: 27/10/2013

Niveles de a-Amilasa seriada salival en mujeres con fibromialgia

Resumen Los niveles elevados de alfa amilasa salival (AAs) reflejan la actividad del sistema simpático-adreno-medular y por ello es considerado un marcador biológico del estrés psicológico. Así mismo, diversos estudios han hallado una asociación entre niveles elevados de AAs y diferentes patologías que cursan con dolor. El objetivo de este estudio es analizar si los niveles de AAs en mujeres con fibromialgia (FM) difieren significativamente de los correspondientes niveles de mujeres sin FM.

Para ello se han seleccionado 554 mujeres diagnosticadas de FM (38-68 años) a las que se les ha medido los niveles de AAs en tres momentos del día: antes del desayuno, antes de la comida y antes de la cena. Dichos valores se compararon con los niveles de AAs de 100 mujeres sin FM (27-73 años).

Tras la realización de un Anova de medidas repetidas y test de Student, se constató la existencia de diferencias estadísticamente significativas entre las muestras clínicas tomadas en las tres mediciones (horario de mañana, mediodía y noche), así como entre estas y los valores medios correspondientes a la muestra de mujeres sin FM. Tales resultados avalarían el uso de la AAs como biomarcador del estrés y dolor en FM. Pal abras cl av e: Alfa amilasa salival. Fibromialgia. Estrés. Biomarcador.

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con los criterios establecidos por la American College of Rheumathology (Wolfe et al., 1990), la fibromialgia (FM) es considerada como un síndrome doloroso crónico caracterizado por la presencia de dolor musculoesquelético gene ralizado de, al menos, 3 meses de duración, y que cursa con dolor a la presión de, al menos, 11 de 18 puntos corporales sensibles. La fibromialgia es un diagnóstico frecuente en la práctica clínica; su prevalencia difiere según la población estudiada y oscila entre el 0,7 y el 20 %. En España se sitúa entre el 2,1 y el 2,7 % de la población general adulta y ocupa el 10-20 % de las consultas reumatológicas y el 5-8 % de las de atención primaria (Alegre de Miquel et al. 2010).

Aunque los criterios de valoración han sido re visados y modificados recientemente (Wolfe et al., 2010), el diagnóstico de esta patología sigue siendo complicado pues, además del dolor, los pa cientes aquejados de este síndrome presentan una sintomatología variada y compleja, que en muchas ocasiones se solapa con otros diagnósticos clínicos. Esta dificultad diagnóstica puede llevar a determinar falsos positivos y conllevar una sobre utilización del término, lo que así mismo puede enmascarar otras patologías o problemas de dolor crónico (Comeche, Díaz y Vallejo, 2005; Mar tínez-Pintor, 2010).

En cualquier caso, lo que sí parece estar claro es que esta sintomatología de carácter somático tiene implicaciones psicosociales diversas (profesionales, familiares, sanitarias, etc.), y determina un patrón conductual desadaptativo tanto a nivel de comportamiento como a nivel cognitivo, psicofisiológico y emocional. To do ello se convertiría, a su vez, en una nueva fuente de sufrimiento y síntomas psicofisiológicos, cognitivos y emocionales que mantendrían la desadaptación psicosocial a que lleva el padecimiento de esta patología (Comeche, Díaz y Va llejo, 2005). En el estudio de la compleja etiología de la FM, numerosas investigaciones han intentado discernir la importancia del estrés en el desarrollo de la enfermedad (Cleare, 2004), habiendo crecido su número exponencialmente en los últimos años (Friedberg, Soh, y Schmeizer, 2007).

En este sentido, la fibromialgia se considera hoy un síndrome de susceptibilidad central (Yunus, 2005), en el que la existencia de un antecedente de estrés (en tendido como sufrimiento emocional) se constata en el 90 % de los pacientes (Amir, Kaplan y Neumann, 1997; Allz y Cedraschi, 2004; Smith, Papp, Tooley, Montague, Robinson y Cosper, 2010). De hecho, la Sociedad Española de Reumatología (2005) considera el estrés y el impacto emocional concomitante como factores determinantes de la fibromialgia en dos de los diez puntos de su “De cálogo contra la Fibromialgia”.

Fibromialgia y a-amilasa

a-amilasa

También existe evidencia empírica de que el estrés (cualquiera que sea su causa) implica una activación del eje Hipotalámico-Hipofisario-Adre – nérgico (HHA) y del Sistema Nervioso Autóno – mo (SNA), desencadenando los procesos neurohormonales que constituyen la respuesta psicosomática del organismo a la situación estresante (cfr. Martínez-Pintor y Durany, 2009).

Y últimamente, la enzima alfa-amilasa salival (AAs), a parte del interés que ha tenido en biología humana y antropología nutricional por su relevante papel en la digestión (Lieberman, Gahagan, Ya – lich, y Walden, 1977; citado por DeCaro, 2008), se ha convertido en un nuevo marcador biológico de la actividad adrenérgica secundaria al estrés biopsico-social (Granger et al., 2007) desde que en los años ‘90 Chaterton, Vogelson, Lu, Ellman y Hudgens (1996) hicieran las primeras mediciones constatando tal asociación. La AAs es una enzima segregada por las glándulas salivales y su principal función es la digestión de los carbohidratos (Granger et al., 2007). Estas glándulas tienen un número elevado de receptores beta-adrenérgicos estimulados por la norepirefrina (Baum, 1993; citado en Campos, Raposo, Ferreira y Vitral, 2011), de manera que la secreción de AAs está regulada por catecolaminas (norepirefrina) vía sistema simpato-adrenomedular (Chaterton et al., 1996), aumentando su nivel cuando el sujeto experimenta estrés y reduciéndose en estado de relajación y bienestar.

En este sentido, la activación del sistema simpático-adreno-medular, durante el estrés psicológico al que están sometidas las pacientes con fibromialgia, aumentaría las concentraciones de norepirefrina en plasma, con el consiguiente incremento de la producción y secreción de alfa-amilasa (Chatterton et al., 1996). Los recientes hallazgos de elevados niveles de AAs en pacientes que sufren, o han sufrido, estrés postraumático (Rohleder, Nater y Lobo, 2004) avalarían su uso como marcador biológico del sistema adrenérgico implicado en el estrés.

Por otra parte, la valoración de la enzima AAs también se ha empleado para determinar los niveles de estrés asociados a dolor inducido, hallándose correlaciones significativas y de elevada magnitud con escalas de evaluación subjetiva del dolor (Shirasaki et al. 2007; Fleming, Dibiase, Sarri y Lee, 2009; Arai, Masubara, Shimo et al. 2009), lo cual refleja la activación del sistema simpático adreno-medular en personas que padecen dolor. Nosotros mismos (Martínez-Pintor et al., 2012), en un estudio preliminar realizado en pacientes con fibromialgia, también hemos hallado una elevación estadísticamente significativa de la enzima alfa-amilasa en la saliva de estos pacientes.

Exceptuando nuestro estudio preliminar, no hemos hallado ningún artículo publicado que analice los niveles de la a-amilasa en pacientes con fibromialgia, por lo que los objetivos que nos planteamos en el presente trabajo son: a) analizar los niveles del enzima AAs en mujeres con fibromialgia, y verificar si existen diferencias significativas con respecto a los valores correspondientes a mujeres de las mismas características sociodemográficas, pero sin fibromialgia; b) comprobar si se replican los hallazgos obtenidos en el estudio preliminar (Martínez-Pintor et al. 2012).

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, esperamos hallar niveles significativamente superiores de AAs en las mujeres con FM comparadas con la muestra sin fibromialgia

MÉTODO

Participantes

En el presente estudio se tomaron medias de AAs en dos muestras independientes. Una muestra clínica y una muestra de población general. La muestra clínica estuvo constituida por 554 mujeres diagnosticadas de FM, según los criterios propuestos por Wolfe, Yunus y Goldemberg (2010), que estaban siguiendo tratamiento psicológico en el Instituto de Reumatología Barcelona (IRB).

El rango de edad de la muestra clínica osciló entre los 38 y 68 años (media 49,7; desviación típica 7,2).

Se establecieron los siguientes criterios de exclusión:

a) mujeres con diagnóstico de patología neurológica que pudiera interferir en el diagnóstico de FM;

b) mujeres que presentaran algún antecedente de otra enfermedad reumática o psiquiátrica que hubiera requerido tratamiento en los últimos 3 años;

c) el uso de medicación antidepresiva o ansiolítica en el momento de recoger la muestra o en el mes precedente;

d) pacientes en litigio con la administración pública.

Por lo que respecta a las variables sociodemográficas de la muestra clínica, el 46,7 % de la muestra seleccionada estaba casada, el 26,7 % era soltera, el 13,3 % era viuda y un 13,3 % estaba divorciada. En cuanto al nivel cultural, la gran mayoría (66,7 %) tenía estudios primarios, el 26,7 % tenían estudios de grado medio y, únicamente el 6,67 % tenía estudios universitarios.

Finalmente, en cuanto a su situación laboral, el 60 % de las pacientes eran activas laboralmente, el 20 % se encontraban en paro, el 13,3 % presentaban una situación de invalidez permanente y el 6,67 % restantes estaban jubiladas. Los niveles de alfa-amilasa salival de la muestra clínica se compararon con los valores obtenidos en una muestra de población general, de características sociodemográficas similares a la muestra clínica, y que estuvo constituida por 100 mujeres sanas, cuyo rango de edad osciló entre los 27 y los 73 años (media 45,2; desviación típica 13,2).

Procedimiento

Se utilizó un diseño descriptivo correlacional de corte transversal. Una vez realizado el diagnóstico de Fibromialgia por un reumatólogo especializado del equipo del IRB, y previo consentimien to informado de la paciente, se le entregó un kit para recogida de muestras consistente en tres recipientes estériles, en los que debían depositar tres muestras de saliva al día: antes de desayunar en horario de 8 a 10 horas a.m. (SAM1), antes de comer en horario de 13 a 15 horas (SAM2) y antes de cenar en horario de 21 a 23 horas (SAM3).

Puesto que los valores de AAs son independientes del nivel de flujo salival (Rohleder, Lobo y Maldo nado, 2006), y tienen un ritmo diurno endógeno (Nater et al. 2007), no se exigió una cantidad precisa de saliva en ninguna de las muestras recogidas. Tampoco se tomó ningún tipo de precaución en relación con la higiene bucal. La saliva la recogió el propio paciente en su domicilio y la envió al laboratorio de Barcelona “Coll-Garcés” para la determinación de a-Amilasa por el método enzimático. La recogida de las muestras se inició en noviembre de 2011 y finalizó en octubre de 2012.

Análisis de datos

Se realizó un análisis descriptivo (medidas de tendencia central) y exploratorio, mediante la aplicación de contrastes paramétricos para comparar los niveles de AAs en ambas muestras. Los aná- lisis se realizaron con el paquete estadístico Sta tistica v.8 y SPSS v.15.

RESULTADOS

Se han considerado valores normales los obtenidos entre 80 000 y 625 000 U/L, según los datos obtenidos de la muestra de población general (Pomés, 2009). Tomando estos datos como referencia, hallamos en la muestra clínica un 57 % de sujetos con las tres determinaciones dentro del rango considerado normal, si bien el 43 % de las pacientes de la muestra clínica tienen al me nos una de las tres determinaciones por encima de los valores considerados normales. La diferencia entre tales proporciones es estadísticamente significativa (?2 = 28.089; gl=2; p<.0001).

Así mismo, también constatamos diferencias estadísticamente significativas entre los grupos de sujetos que tienen 1, 2 o las 3 determinaciones con va lores por encima de los correspondientes a la po blación general (?2 = 43.749; gl=8; p<.0001).

Se llevó a cabo una comparación de medias, a fin de verificar si existen diferencias significativas entre cada una de las determinaciones y los valores normales obtenidos en la muestra de población general (v. Tabla 1). Para ello se aplicó la prueba t de Student, previa comprobación de homogeneidad de va riancias. Los resultados ponen de manifiesto que existen diferencias estadísticamente significativas entre las muestras clínicas tomadas en las tres medi

a-Amilasa en Fibromialgia

a-Amilasa en Fibromialgia

ciones (horario de maña na, mediodía y noche) en relación a los valores medios obtenidos en la muestra de mujeres de la población general. Así mismo, también se obser va una diferencia significativa entre la media de las tres determinaciones clínicas y los valores nor males (p=.000). A fin de comprobar la magnitud de tales diferencias se calculó el tamaño del efec to, mediante el índice d de Cohen (1988), los cuales oscilaron entre 0,33 y 0,35.

Así mismo, se analizó mediante la aplicación de un ANOVA de medidas repetidas, previa comprobación de los requisitos, la existencia de diferencias significativas entre las tres series de determinaciones. Los resultados ilustrados en la figura 1 ponen de manifiesto que los valores obtenidos en cada una de las tres determinaciones son estadísticamente diferentes (F(2,547)= 29,93 p=.000).

Los análisis post-hoc llevados a cabo mediante el test de Scheffé, muestran que los niveles de alfaamilasa obtenidos en la primera hora del día (horario de desayuno) son significativamente inferiores (p=.000) a los niveles obtenidos en el resto del día (comida y cena), si bien, el tamaño del efecto es bajo (d=.33). En cambio, los valores obtenidos en la segunda y tercera determinación son comparables, es decir, no existen diferencias estadísticamente significativas entre ellos (p=.983).

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El objetivo principal de este estudio ha sido analizar los niveles de AAs en una muestra de mujeres con fibromialgia (muestra clínica) y comparar sus determinaciones con una muestra de mujeres sin fibromialgia (muestra de población general).

Los resultados obtenidos ponen de manifiesto que el 43 % de mujeres con fibromialgia obtiene niveles de AAs por encima del rango considerado normal, frente a un 57 % de pacientes que obtienen niveles equiparables a la población general. Estos resultados van en la línea de los hallados en el estudio preliminar (Martínez-Pintor et al., 2012), en los que los porcentajes obtenidos fueron 58,82 % y 41,18 %, respectivamente.

Así mismo, encontramos que los niveles obtenidos en las tres determinaciones presentan valores elevados de forma estadísticamente significativa, respecto a los valores considerados normales; si bien, la magnitud de estas diferencias es baja (oscilan entre d=.33 y d=.35).

Finalmente, y tomados en conjunto, el promedio de los niveles de AAs segregados a lo lar go del día en la muestra de mujeres con fibromialgia es significativamente diferente de los va lores de la muestra de la población general (p=.000), aunque así mismo de escasa magnitud (d=.33).

Resultados que también concuerdan con los ha llazgos del estudio preliminar (Martínez-Pintor, et al., 2012) y van en la línea de los datos aportados por otras investigaciones, que han analizado los niveles de dicha enzima en pacientes aquejados de otros tipos de patología que cursan con do lor (Ahmadi-Motamayel, Shahriari, Taghi Goo darzi, Moghimbeigi, Jazaeri, y Babaei, 2013; Sharisaki et al., 2007; Arai et al., 2009; Campos,

a-Amilasa en Fibromialgia

a-Amilasa en Fibromialgia

Raposo, Ferreira, y Vitral, 2011). Tales niveles elevados de la enzima, constatados en la muestra de pacientes con fibromialgia, constituyen un dato más a favor de las relaciones que se establecen entre AAs, estrés y dolor.

Si bien, es necesario remarcar que una de las limitaciones del presente estudio es la ausencia de medidas de estrés y dolor, por lo que no podemos verificar específicamente el grado de asociación entre los niveles de AAs y los niveles de estrés e intensidad de dolor que experimentan las mujeres con fibromialgia.

Por otra parte, la proporción de mujeres con fibromialgia que obtiene niveles de AAs comparables a los valores normales (57 %) contradice la hipótesis planteada, según la cual tal proporción habría de ser menor.

Esta discrepancia podría justificarse en base al modelo transaccional del estrés (Lazarus y Folkam, 1984), según el cual las experiencias estresantes deben ser consideradas como transacciones entre la persona y el ambien te, de manera que la valoración que hace la persona del estresor ambiental y de sus propios recursos para afrontar las situaciones sería lo que determinaría el nivel de estrés (autopercibido), y por ende la intensidad del sufrimiento emocional. Recientemente, González, García-Campayo y Landero (2011) han analizado un modelo estructural basado en la teoría transaccional del estrés para explicar el papel del estrés en la fibromialgia.

Los resultados de dicho modelo sugieren que los recursos personales y sociales son predictores del nivel de estrés percibido, explicando el 53 % de su varianza. Así mismo, este estrés percibido explica el 31 % de la va rianza de una variable latente, que incluye el impacto de la fibromialgia y los síntomas somáticos (González y Landero, 2010).

A su vez, esta interacción entre la valoración que hace la persona del estresor está mediada por determinadas características cognitivas del sujeto, tales como creencias, valores, procesos atencionales, perceptivos, etc. Por lo tanto, es importante tener en cuenta las diferencias individuales en tales aspectos, pues no todos los individuos tienden a valorar una misma situación de la misma manera.

De hecho, actualmente se acepta la existencia de diferentes tipos de fibromialgia, siendo la de Giesecke et al. (2011) la clasificación más utilizada, y no cabe duda que tales factores psicológicos inciden en la diferenciación de las distintas tipologías.

Ello podría justificar elhecho de que no todas las mujeres de nuestra muestra clínica experimenten el mismo nivel de estrés asociado a la fibromialgia, y de ahí que los niveles de AAs no aparezcan alterados en todas ellas.

En este sentido, sería importante que en futuras investigaciones se valorase la AAs en función de estas diferencias individuales, a fin de determinar cuál es el perfil específico de mujeres con fibromialgia en las que la AAs se encuentra alterada.

Así mismo, sería interesante estudiar el estilo atribucional (locus de control interno-externo) en relación al grado de indefensión o sentimiento de autoeficacia de las mujeres con fibromialgia, a fin de verificar si las que se caracterizan por realizar atribuciones internas o externas, estables y globales, se asocian a una mayor o menor percepción de control sobre el dolor, y si manifiestan una mayor o menor sensibilidad a la intensidad del mismo.

En conclusión, la asociación hallada en este trabajo entre fibromialgia y AAs constituye un dato más a favor de considerar la utilidad de métodos no invasivos, tales como la medición de AAs, en la evaluación de patologías que cursan con dolor, aspecto poco investigado hasta la fecha.
REVISTA IBEROAMERICANA DE PSICOSOMÁTICA

Guardar

Guardar

Print Friendly, PDF & Email
Valora la información

Valora esta información

Comparte
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.