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Fibromialgia, avanzado hacia el reconocimiento social y médico

Fibromialgianoticas.com |07-01-2007

La enfermedad invisible

Los médicos de familia reclaman formación para diagnosticar la fibromialgia,

una dolencia que afecta al 3% de la población y que no se revela en con las pruebas tradicionales

Articulo escito por Solange Vazquez | hoydigital

Cuando un paciente con fibromialgia entra por primera vez a la consulta de un médico, él no es el único que va a someterse a examen: también el facultativo se pone a prueba.

Los síntomas que acompañan a esta enfermedad -cansancio intenso, dolor crónico y problemas de sueño- integran un rompecabezas endiablado que pocos facultativos resuelven a la primera, ya que son indicios compartidos con otras muchas enfermedades.

Además, para descubrir esta dolencia no hay radiografía que sirva, ni escáner que valga, ni análisis que dé pista alguna, de modo que los médicos sólo cuentan con su instinto y con el testimonio desesperado del paciente, que a veces es puesto en tela de juicio.

el diagnóstico suele tardar años en llegar

Entre pruebas que no revelan nada y sombras de sospecha sobre una exageración o incluso un fraude, el diagnóstico suele tardar años en llegar. Conscientes de este problema y de que cada vez se registran más casos -no porque haya una mayor incidencia, sino porque antaño ni siquiera se contemplaba su existencia-, los médicos de familia han pedido orientación profesional a especialistas para aprender a detectar este mal y ahorrar sufrimientos al paciente, dinero a la Seguridad Social y quebraderos de cabeza a sí mismos.

‘Taller de fibromialgia’

El ‘Taller de fibromialgia’, celebrado ayer en el Colegio de Médicos de Bilbao e impartido por expertos del servicio de Reumatología, sirvió para arrojar un poco de luz sobre el modo de reconocer este mal ‘invisible’ mediante una técnica importada de EE UU. Para ilustrar la explicación, Nieves Molina, una enferma de fibromialgia de 47 años, se sobrepuso a la timidez y se prestó a una exploración física. «Espero que sirva para ayudar a mucha gente que pasa años y años sin saber lo que tiene», señala la paciente. Como ella, hay 800.000 personas en España que padecen esta dolencia. El 90% son mujeres.

Nieves sabe muy bien qué es peregrinar de médico en médico sin que nadie supiese poner nombre al mal que la iba socavando. Ella empezó a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad hace once años y pasó un calvario de cuatro, hasta que al fin dictaminaron que esos «dolores como de agujetas, pero mucho más intensos» eran fruto de la fibromialgia.

Hospitales y juzgados

Mientras ella se sometía «a pruebas y más pruebas», veía con desesperación cómo el dolor iba corroyendo poco a poco la persona que había sido: «Cuando estaba sana me gustaba salir, viajar a países de fuera -recuerda con nostalgia-. Y la gente de mi entorno decía que confiase en los médicos, que si ellos no encontraban nada, pues eso, que no sería nada». Hasta que un día, ya casi resignada a pensar que lo suyo era una cruel jugarreta de su mente, vio en la tele un reportaje sobre la fibromialgia. «¿Era lo mismo que yo tenía!». Y entonces la embargó una extraña sensación, un híbrido de alivio y alegría que parecía inapropiado tras descubrir que tenía una enfermedad crónica. «Demostraba que no estaba loca -aclara-. Fui corriendo al médico para contárselo, me envió al especialista y empezaron a tratarme».

El doctor José Miguel Aramburu, del servicio de Reumatología de Basurto, confirma las palabras de Nieves. Casi ningún enfermo se salva de unos años de incertidumbre e incomprensión. «Es una enfermedad que se tarda en diagnosticar, porque no aparece nada en las pruebas », explica.

la enfermedad sigue siendo un misterio para los médicos

De hecho, aunque cada vez se identifica antes, la enfermedad sigue siendo un misterio para los médicos. «No es algo nuevo, pero años atrás se decía que las mujeres que sufrían este problema tenían neurastenia. Antes no se sabía nada y ahora tampoco se sabe gran cosa, ni siquiera se conoce su origen -admite el especialista-. Probablemente se descubra en unos años, pero de momento más vale ser humilde». Así que, hasta que la ciencia no avance, la detección temprana es lo que más ayuda a los enfermos.

Y también el apoyo social.

Porque la lucha de Nieves ha tenido como escenario dos campos de batalla: el hospital y el juzgado, ya que después de comprobar médicamente que padecía la enfermedad tuvo que ‘convencer’ legalmente a la Administración para que le diese una pensión de invalidez. «Fue muy duro, porque hay mucho recelo. La primera vez desestimaron la petición, pero hace dos años, después de muchos trabajos, me la concedieron», explica Nieves.

una vida más o menos normal

Al desaparecer el estrés añadido que le suponía tener que trabajar enferma «en algo tan duro como la limpieza», mejoró ligeramente y pudo hacer «una vida más o menos normal, pero con mucho esfuerzo, porque, si te dejas, la cama te atrapa». Ahora, precisamente cuando iniciaba una ligera remontada, le han diagnosticado un cáncer de mama. «Esto es así, una lotería -se resigna, mientras juguetea nerviosa con la cremallera de su chaqueta celeste-. Pese a todo, me planteo que tengo que recuperar mi vida y hacer cosas».

Incluso espera cumplir algún día uno de sus sueños, de esos que almacena en la trastienda de los proyectos pospuestos desde que enfermó hace once años: «Me gustaría ir Kenia».

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