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dolor crónico y fibromialgia Magdi Hanna

Director de la Unidad del Dolor de la Escuela de Medicina del King”s College de Londres

dolor crónico debe convertirse en un derecho del paciente

El tratamiento adecuado del dolor crónico debe convertirse en un derecho del paciente y ser también entendido así por los dirigentes políticos, según señaló a Europa Press Magdi Hanna, director de la Unidad del Dolor de la Escuela de Medicina del King”s College de Londres (Reino Unido) desde 1985.

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Las declaraciones de Hanna fueron realizadas en un foro sobre el tratamiento del dolor crónico y el trabajo realizado en una nueva unidad de investigación, “The Pain Clinical Research Hub” (PCRH), inaugurada en 2004 y cuyo principal objetivo es descubrir los mecanismos y marcadores biológicos del dolor crónico.

En la actualidad esta unidad, en la que trabajan siete investigadores y cuya dirección clínica está a cargo de Hanna, tiene en proceso 12 programas de investigación centrados principalmente en la artritis, el dolor neuropático y la fibromialgia.

Pacientes y especialistas deben poner más de su parte en el tratamiento del dolor crónico

El investigador, autor de referencia en este campo, considera que pacientes y especialistas deben poner más de su parte en el tratamiento del dolor crónico. Señala además que la clase política debe ser más consciente de que el dolor crónico es un problema de salud pública y que debe ser considerado como tal.

Un estudio publicado en 2005 en la revista “The New Journal of Pain” realizado entre 16 países de la Unión Europea indica que la prevalencia del dolor crónico entre los europeos es del 19 por ciento, un 13 por ciento en el caso del dolor crónico moderado y un 6 por ciento en el severo. La lista la encabeza Noruega con una prevalencia global del 30 por ciento y la cierra España con la menor incidencia, un 11 por ciento. Sin embargo, el envejecimiento de la población europea supone que estas cifras vayan en ascenso, señalan los expertos.

El dolor crónico es un trastorno que altera la vida del paciente a nivel físico y psicológico, disminuyendo en gran medida su calidad de vida.

Se caracteriza por una duración superior a los tres meses, no posee una función vital, como sucede en el caso de los dolores agudos asociados a lesiones junto a los que desparecen tras el proceso de cura, y suele estar asociado a trastornos como la diabetes, la hernia discal o traumas que tras sanar dejan tras de sí un dolor que no desaparece.

Según los investigadores, los conocimientos existentes sobre los mecanismos del dolor y la capacidad para predecir la eficacia clínica de los nuevos agentes terapéuticos está limitada por una comprensión poco profunda de cómo estos mecanismos son modificados por las enfermedades y lesiones y una escasez de datos sobre la relación entre los modelos experimentales y los resultados clínicos.

Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional

Dentro del PCRH los investigadores están utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) como medio para conseguir información objetiva sobre los mecanismos y la intensidad de la experiencia subjetiva que se define como dolor. La mayoría de ensayos clínicos, señalan, llegan a resultados que describen de forma inadecuada la sintomatología del paciente y que son muy variables debido a su naturaleza subjetiva.

Esta variabilidad convierte en muy elevado el coste de nuevos agentes terapéutico, lo que finalmente lleva a que los principales analgésicos utilizados actualmente incidan en mecanismos del dolor ya conocidos en la época de los antiguos egipcios o bien hayan sido descubiertos a través de los efectos observados en fármacos desarrollados con otros propósitos.

área de investigación sobre el dolor crónico de la universidad londinense

Esta nueva “área de investigación sobre el dolor crónico de la universidad londinense, en la que colabora el departamento internacional de investigación y desarrollo de la compañía Pfizer, tiene como objetivos proporcionar una mejor comprensión de los mecanismos del dolor a través de la creación de un banco de información sobre el dolor y el estudio a través de la IRMf; el desarrollo de nuevos modelos humanos del dolor; estudiar la genética del dolor; y conseguir que los resultados de la ciencia básica tengan un reflejo en la práctica clínica en un menor espacio de tiempo.
Fuente | EUROPA PRESS

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