Así es no sólo la fibromialgia es un misterio. En el mundo del dolor, en el tratamiento del dolor existen demasiados misterios.
Se sigue hablando debatiendo, ahora entre profesionales que hay muy poco conocimiento del dolor, que en las universidades las horas lectivas son insuficientes. Si alguna vez se llegan a tocar con suerte.
Es insuficiente, todo es insuficiente.
Educación, concienciación, tratamientos, empatía, visibilización.
Los periódicos nadas más que hacen recoger las altas tasas de dolor crónico que se sufren en España hasta un 20% sea del origen que sea, y crónico ¿Por qué?
Puede que el dolor crónico sea un indicativo de el actual funcionamiento de la sanidad de este país (no tan diferente tratado a nivel mundial).
Dicen los entendidos en dolor que el tratar el dolor es un derecho fundamental del paciente que sufre, y que un control de él muestra el funcionamiento de la sanidad en ese país. de su evolución, de su implicación.
Hay están las cifras para la reflexión.

Hablemos de Fibromialgia dolor y otros misterios

Y llegamos a la sensibilización central y como problemas de dolor que están comprometidas ciertas áreas se pueden reflejar en otras y el tratamiento se complica.
y como un enfermo de dolor con un problema tendinoso u articular con buena adaptación mecánica, evitación de movimientos y adaptación de ejercicios tiene buena respuesta y otros no.
El dolor es un misterio con muchas palabras clínicas evitación, catastrofización, personalidad cluster tipo ?… solo añade más dolor a quien lo sufre y se pierde de consulta en consulta escuchando palabras que cada vez más le añaden sufrimiento, ya no dolor, sufrimiento «cómo el dolor está en tú cabeza» tan célebre que muchos médicos añaden a su diagnóstico.

Y sin el conocimiento adecuado por parte del enfermo le lleva a la catastrofización.

El enfermo no está obligado a saber de dolor, no entiende nada, ya bastante tiene con pedir ayuda e ir de consulta en consulta.

Palabras, frases de médicos que tratan el dolor pero no saben ni conocen de sufrimiento emocional, sí las conocieran evitarían muchas frases para sólo los eruditos del dolor. El enfermo quiere lo fácil, y aunque sea enfermo del dolor y pueda andar y moverse, ser funcional quiere soluciones.

Fibromialgia dolor y otros misterios

Porque entre muchas consultas se enciende el dolor y se quema en el sufrimiento de los diagnósticos, de las esperas, de los tecnicismos. De los cambios de fármacos sin entender nada, de los cambios de terapias según el especialista de turno y de los sufrimientos del paso del tiempo entre tanta incertidumbre y como la cronicidad le va llevando a pérdidas emocionales, pérdidas laborales…renuncias y renuncias porque el dolor físico ya no es tan importante y ha hecho aparición el sufrimiento.

El misterio de no acompañar

Y ante tantas dudas, nadie acompaña, nadie guía, nadie quita incertidumbre y así el enfermo de dolor crónico puede pasar décadas , desorientado perdido entre dietas, ejercicios y las no menos recurrentes «terapias milagrosas».
Sí existen muchos misterios dentro del dolor crónico, pero el más misterioso y que se tiene tan a mano, y es tán fácil compartir es el conocimiento adaptado al enfermo. Mostrarle donde está, y adónde se quiere llegar si se puede, sueños a corto plazo del enfermo de dolor crónico, que quizás le devuelva la esperanza y la seguridad.

El gran misterio, ¿Dónde quedó la habilidad de acompañar en el sufrimiento?

Quizás se tendrían menos demandas sociales por la pérdidas que ocasiona el dolor y menos catastrofización ante el dolor, menos evitación sí se conocieran los beneficios reales de afrontar la evitación. Porque a ciegas, sin información, ningún ciego puede cruzar ningún obstáculo.

Y los enfermos crónicos de dolor son ciegos, ciegos ávidos de información para recuperar sus vidas.
Un gran misterio dónde está la información adecuada y correcta para sobrellevar el dolor para evitar acudir a la psicología por la tristeza de tantos años a solas, ciegos y las pérdidas que crea la incertidumbre.
Acompañar, simplemente acompañar. ¿Tán difícil és?

Los precios de no acompañar

Porque acompañando evitaremos la vigesimoquinta vez de pedir derechos desde colectivos de enfermos que cuando llega el tiempo de una incapacidad,  el médico de turno acompaña y el enfermo no lo sabe ver. Porque hay mecanismos creados y que están institucionalizados por otros médicos y que sirven de muro de inaccesibilidad a los supuestos derechos adquiridos. O de perpetuar el estigma de la mujer y el dolor, cuando al hombre también se le abandona cuando pierde su salud.

Estigmas y estereotipos que sobrevuelan continuamente la enfermedad, cuando una enferma va a una consulta y un médico le aconseja benévolo y paternalista, te hace falta bailar y salir.

Sí la fibromialgia es una enfermedad biopsicosocial, como cualquier enfermedad crónica, porque no sólo el dolor enferma, también el rechazo a la discapacidad y gravemente. Acompañar e informar para ayudar al paciente crónico de fibromialgia evitar, no dejar que siga enfermando.

La fibromialgia existe y sino que se lo pregunten a Lady Gaga o cualquier famoso de turno. Y el dolor crónico también. Pero sí hay algo que no existe, o que se carece y mucho es compasión y ganas de compartir.

Se siguen repitiendo, reproduciendo, perpetuando los errores en medicina desde hace diez años y es la estigmatización del enfermo. Recordemos menos etiquetas y más acompañamiento, quizás el 20% del dolor crónico bajaría, simplemente con acompañar.

Escrito por Fibromialgia Noticias

Y mientras se cierra este articulo, cada vez se aleja Sanidad más del paciente:


Y para tí que sufres de dolor crónico:

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1 comentario
  1. Mercedes N.
    Mercedes N. Dice:

    Me he reído a «mandíbula batiente» (es un decir, claro) con lo del «médico benévolo y paternalista que aconseja: «-Te hace falta bailar y salir». Yo no tuve tanta suerte, porque mi médico me dijo, textualmente, y cuando sólo tenía 36 años:
    -«Eres una mujer muy ‘ñandosa’ (o sea, ‘quejicosa’) y lo que te hace falta, es darle más ‘marcha’ a tu marido porque debes de tenerlo ‘hasta el gorro’; ¡folla más, mujer, y quéjate menos!». Cuando me espetó su «discursito», lo miré directamente a los ojos, me puse en pié y le dije con una sonrisa muy burlona:

    «-Doctor, váyase un poquito al carajo y otro poquito a la mierda, porque usted es un irrespetuoso, un inepto y un imbécil. Ahí le dejo las tres «íes», por si acaso las Ignoraba» y desde ya mismo me cambio a otro galeno más eficiente, más educado y más elegante, y sí, también le dejo las tres «e» por si algún día eleva sus conocimientos.»

    El médico se quedó un poco descolocado con mi ocurrencia y yo salí riéndome a carcajadas de la consulta. Como pensaba que yo estaba loca, me soportó los insultos sin protestar. Cuando llegué al rellano de la escalera me puse muy seria y me tuve que sentar en un escalón y respirar hondo para no echarme a llorar desconsoladamente.

    Salí sin esperar ninguna respuesta. Después me fui directamente a la Oficina de Administración y pedí que me cambiaran de especialista y presenté una denuncia formal que, como era de esperar, no le hicieron ni puñetero caso. Al menos sí me cambiaron de médico y cuando asistí al nuevo especialista le hice toda una «declaración de intenciones», así que, nada más sentarme le dije:

    -Doctor, le agradeceré muchísimo que, si no es capaz de encontrar lo que me está causando tantos dolores y malestares, no me tire a loca, no me dé consejos «sexuales» sobre lo que debo o no debo hacer con mi marido y me remita directamente al Hospital para que allí me hagan más pruebas y traten de solucionarme los problemas de salud que tengo y que aquí, como especialista de zona, no saben, no pueden o no quieren resolver. No quisiera llegar a la situación de que me falte al respeto ni a tener que faltárselo yo por obvias razones de educación y buenas costumbres.

    El médico me miró y sin mediar palabra, me hizo directamente un volante para el Hospital. Le dije:

    -Agradezco su enorme amabilidad y su consideración.

    Salí de allí y nunca más he vuelto a especialistas de zona porque sus conocimientos o sus medios diagnósticos suelen ser limitados, pero lo peor no es la falta de conocimientos o medios, si no la falta de respeto y consideración hacia el paciente que, literalmente, «pierde la paciencia» ante tanta desidia y la nula empatía que muestran algunos de estos médicos con personas que padecemos enfermedades poco estudiadas, poco conocidas o poco investigadas.
    En fin, esperemos que, cada vez más, las investigaciones y los estudios lleguen a dar resultados más satisfactorios para los que estamos aquejados de esta enfermedad y que, tanto la sociedad médica como la sociedad civil y los familiares lleguen a concienciarse de lo terrible que es vivir con dolor crónico y logren comprender la impotencia y el sufrimiento que padecemos ante la indiferencia, la ignorancia y la falta de respeto a nuestra condición doliente.

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