Mi hermana mayor

Eran tres años los que nos llevábamos, recuerdo nuestra infancia. Feliz, mi eterna protectora. Mi eterna amiga, llevaba muy a pecho lo de ser mi hermana mayor, como en todo siempre era la mejor.
Fuerte, ambiciosa, responsable, mis eternos brazos protectores para mis peores momentos.

Con el tiempo me dí cuenta de lo mucho que me hacía falta. Pero con el tiempo…

En la mejor época de su vida, triunfaba profesionalmente, se acababa de casar. Todo lo que tocaba se convertía en felicidad, en fuerza, daban paz sus palabras. La eterna escuchante con una sonrisa, cuando estaba, repito, en el mejor momento de su vida.

En la mejor época

Poco a poco su semblante empezó a cambiar era feliz pero su rostro, sus ojos empezaban a reflejar algo que nunca había visto…algo que no comprendía y que me costó demasiado comprender…

Un día, le pregunté qué le pasaba y con mucha tranquilidad me dijo que no me preocupara, desde hacía meses sentía mucho dolor y que después de varias pruebas, le habían diagnosticado una enfermedad llamada fibromialgia, los médicos le comentaron que con medicación y ejercicio poco a poco se encontraría mejor….que podría llevar una vida “casi” normal.

Y pasa el tiempo…

Llegaron los hijos, su dolor era incesante, terapia psicológica para aceptar la enfermedad, cambios de medicaciones, nada funcionaba o demasiado poco para tolerar el dolor.  Yo creía que no ponía de su parte y tuvimos varios enfrentamientos porque consideraba que no hacía lo suficiente, que salían nuevos fármacos, que habían nuevas posibilidades para CURARSE.

Después de varias malas experiencias en las que el diálogo no solucionaba nada, ella no quiso hablar más, mientras habían pasado los años, los hijos habían crecido, la excelente profesional, joven y ambiciosa no encontraba puesto de trabajo.

Su marido se marchó un día y yo sinceramente, creí que se había convertido en una amargada. No lo entendía…no entendía como el dolor “sólo” podía destruir tanto, algo fallaba y siempre creí que era falta de fuerza, falta de…sinceramente, no lo sé, no lo entendía.

Lo que nunca perdió, a pesar de todo, fue su inmensa paz, su optimismo. Esa magia que lo rodeaba todo cuando ella se acercaba y lo convertía en paz.

Hace cinco años que nos abandonó, por voluntad propia, sentí rabia, impotencia, la maldije por no querer seguir luchando.

Por el daño que hizo a sus hijos.
Mi hermana mayor fibromialgia

Y te echo de menos…

Estos últimos cinco años han sido muy duros para mi, al poco de morir mi hermana me diagnosticaron fibromialgia, como siempre pensé y le decía siempre se podía hacer algo….en estos cinco años me he dado cuenta de lo equivocada que estaba.

Cuanto la comprendo, cuánto dolor en soledad…y cuanto me arrepiento de haberme enfrentado a ella y quisiera cambiar todo AHORA por esos largos abrazos que me transmitían tanta paz y serenidad, los echo tanto de menos.

Lo siento mucho hermana, siento haber desconfiado de tí, no haberte creído, no haberte escuchado…descansa en paz hermana, yo seguiré luchando por tí y por mi, a pesar del capricho del destino habernos puesto en este camino.

Tus hijos están conmigo y siempre te recuerdan con esa dulzura de la que tanto disfruté y que bien conocía.

Te quiero. Siento tanto haberte fallado….

Basado en hechos reales
Redactado por Fibromialgianoticias.com©

Escrito en el 2013

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