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Dolor crónico.Los pacientes cree no tenerlo controlado

Expertos reclaman a los sanitarios más implicación y menos miedo para luchar contra él dolor cronico
Semana europea del dolor

Cerca de la mitad de la población padece dolor crónico no oncológico, y de esa cifra, un 87 por ciento reconoce sufrirlo todos los días y casi la totalidad afirma no tenerlo controlado. Estos son los resultados que se derivan del Mapa del Dolor Crónico No Oncológico en España.

La presentación de este mapa se enmarca dentro de la Semana Europea del Dolor, que se celebra hasta el próximo sábado. Esta iniciativa pretende mostrar el impacto del dolor crónico no oncológico en las personas que lo sufren e impulsar su reconocimiento como enfermedad y no como síntoma. Las principales patologías son artrosis (40 por ciento), lumbalgia (27), osteoporosis (11), procesos reumáticos (11), fibromialgia (8) y dolor neuropático (7 por ciento). Por otra parte, el perfil del paciente que sufre dolor crónico es, en su mayoría, mujer de 55 años, con dolor de rodillas y cuadro depresivo asociado.

PERCEPCIÓN

Definir el dolor es una tarea complicada, y describirlo, aún más. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor en España, se trata de una experiencia sensorial y emocional desagradable y subjetiva. Por este motivo, la percepción del dolor varía mucho dependiendo de la persona que lo mida. Teniendo como precedente la Encuesta Europea del Dolor realizada en julio de 2004 exclusivamente a pacientes y donde los españoles ocupaban los últimos puestos en el control del dolor crónico, el grupo de trabajo Pain Global Project, en colaboración con Janssen-Cilag, ha elaborado el Mapa del Dolor Crónico No Oncológico en España.

dolor crónico

El proyecto, auspiciado por la Sociedad Española del Dolor (SED), recoge las opiniones de los tres actores implicados en el problema del dolor crónico: médicos, farmacéuticos de oficinas de farmacia y pacientes.

Manuel Rodríguez, presidente saliente de la SED

Manuel Rodríguez, presidente saliente de la SED y jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Carlos Haya, de Málaga, explicó la semana pasada en la rueda de prensa donde se presentaron los resultados del estudio que el desacuerdo proviene de “la diferencia de percepción de un mismo problema entre los tres actores implicados” y que es la causa de las disparidades registradas en la encuesta.

Los médicos estiman que un 63 por ciento de los pacientes padece un dolor crónico no controlado, mientras el 94 por ciento que lo sufre afirma no tenerlo controlado. Medir el dolor es de suma importancia para poder tratarlo adecuadamente, sin embargo, sólo el 60 por ciento de los médicos pertenecientes a la muestra mide el dolor de sus pacientes, encontrando valores más altos en los médicos más jóvenes. La herramienta más utilizada (40 por ciento) para medir el dolor es la escala visual analógica (EVA) y le sigue la escala verbal simple con un 21 por ciento.

medición del dolor crónico

Con frecuencia, si no se realiza una medición del dolor, existe un temor por parte de los médicos a recetar opioides mayores. Son los médicos que miden habitualmente el dolor crónico no causado por el cáncer los que más recetan opioides mayores, y lo hacen con el doble de frecuencia que aquéllos que no lo evalúan; sin embargo, no es suficiente: tan sólo uno de cada cinco médicos receta esta medicación de forma habitual.

La diferencia de percepción de los sujetos del estudio hace que los médicos y farmacéuticos sobreestimen (56 y 37 por ciento respectivamente) las reticencias de los pacientes hacia la utilización de opioides mayores cuando tan sólo un 25 por ciento de los afectados afirma tener estas reticencias hacia su uso. Los médicos aseguran que el principal inconveniente que tienen los pacientes para medicarse con opioides es la creencia de que es un tratamiento para enfermos de cáncer o terminales.

estudio

El estudio implica a un total de 697 médicos repartidos en atención primaria (189), rehabilitación (101), reumatología (86), traumatología (206), unidad del dolor (103) y especialidad no definida (12); 316 farmacéuticos de oficina, y 838 pacientes, 411 de ellos con dolor controlado y 427 no controlado. Todos coinciden en que el dolor crónico repercute en la calidad de vida del que lo sufre, haciendo especial hincapié en la mala influencia sobre la actividad laboral, la imposibilidad de disponer de una movilidad normal y las complicaciones para dormir adecuadamente por las noches.

Otro de los aspectos en los que coinciden es que este tipo de dolencia provoca depresión y ansiedad.

Uso de opioides

José Ramón González-Escalada, vocal de la Junta Directiva de la SED y jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, afirma que “los opioides mayores, mal tomados, no hacen más daño que un antiinflamatorio no esteroideo en caso de mal uso”. Considera este fármaco como la “mejor solución al dolor”, asegurando que “si hubiera que diseñar un analgésico potente, fiable y seguro se utilizaría una fórmula muy similar; es el mejor antiinflamatorio”. González-Escalada explica que los efectos secundarios de los opioides “aparecen sólo cuando el paciente lo tolera mal debido al uso excesivo, no adecuado o muy por encima de su dolor”. De ahí que se hayan creado “mitos” contra estos fármacos, que bien utilizados “son medicamentos muy seguros” que ofrecen calidad de vida y con efectos secundarios mínimos.

El dolor crónico deja de ser la consecuencia de una afección para convertirse en una enfermedad con nombre propio. Establecer límites en la duración es complejo, la media es de siete años y medio pero se define como dolor crónico aquel que permanece cuando se ha curado la enfermedad que lo provocó.

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