Tan sólo una hora de mi vida

Más que el dolor, muchas veces se sufre el dolor del dolor, el dolor es una lucha más allá.

No me duele el dolor, con él puedo. Puedo luchar contra sus embates aunque me deje exhausta pero soy capaz de reponerme.
Soy capaz de luchar y proseguir.
Contra lo que no puedo luchar es con la actitud humana. Con el día a día. Contra las barreras de lo que yo creo, y lo que realmente es.

Y como convierten en una montaña de un grano de arena.

Soy consciente de que no se puede comprender. Y de las situaciones más normales se llegan a derivar situaciones de caos.

Me siento desnuda al enfrentarme con el día a día. Algo que me cuesta un gran dolor emocional. Un dolor provocado por la incomprensión. ¡Ojo! no necesito de que me comprendan allá donde vaya, no soy el ombligo del mundo, simplemente como cualquier ciudadano quiero que situaciones cotidianas no se vuelvan en un caos. La comunicación cuando se tiene dolor es imposible y es un gran reto para cualquiera que lo sufrimos.

Un día más después de una noche de dolor, precedida de otro día de dolor. Esas crisis que no puedes controlar y que no sabes de dónde vienen. Las noches de dolor largas y eternas en las que la oscuridad es tu mejor compañera, y el dolor. Ese dolor que agota y esa lucha contra él, buscar posiciones, crear sentimientos de paz cuando tu cuerpo grita por cualquier poro de tu piel. Horas duras y complicadas, solamente uno mismo puede llegar a saber de su fortaleza porque es inexplicable.

¿Cómo se puede medir y explicar una batalla tan cruenta?

Son muchos años demasiados y aún no se manejar las situaciones en quien no sabe lo que me pasa. Y debo confiar…y confio y acabo sumida en un caos. Un caos que desmonta mis tiempos y dañan mis sentimientos.

Poco a poco veo como nace el día y con él una nueva esperanza. Tengo una cita ineludible en una administración. Podía andar a pesar del dolor, podía vestirme, hasta maquillarme para ocultar el sufrimiento de la noche anterior.

Camuflarme con los demás, dar los buenos días, respirar las primeras horas del día y llegar a mi cita. El dolor me atenazaba, y luchaba. Busqué un ascensor, mis rodillas no soportaban el cansancio de subir unas cuantas escaleras. No había ninguno visible. Y miraba con resignación las escaleras.
Primero observaba si había alguien más en el camino, esperaba y miraba una docena de escaleras. Vacio, puedo subir, subir apoyándome en una barandilla que siempre había evitado. Necesitaba ahora un punto de apoyo, el dolor constante necesita de apoyo para todo. Quería subir deprisa y no podía, el dolor de subir, tener que evitar a que nadie me golpeara.

Sólo eran las nueve y me preguntaba como iba a aguantar todo el día.

Ya sabia por años de experiencia, que este sobreesfuerzo iba a pagarlo con más dolor. No puedo engañar al dolor, no puedo. Llegué miré el número y mi instinto de supervivencia siempre me jugaba malas pasadas, llegaba antes de tiempo. Tocaba esperar. Más pasos, más lucha por adaptarse.
Busqué un asiento, asiento que iba a doler. El más alejado de cualquier tránsito, quería evitar el contacto físico. Los golpes de las idas y venidas, las prisas, tener que moverme para dejar pasar, preguntas…todo, todo dolía y debía evitarlo a cualquier costa.

Cuando conseguía mi refugio pensaba, miraba…observaba desde la perspectiva que me dá el dolor, veía que rápido pasa la vida y como no nos damos cuenta, esto es un privilegio que tenemos los que sufrimos dolor. Las largas noches con nosotros mismos nos dá para reflexionar, para querer cambiar lo que no podemos cambiar.
Me tocaba…no sabía si iba a poder hablar, desfallecía. Con las prisas de los sitios oficiales me encontraba con la barrera de haberme ido a la última esquina de la sala y ahora tenía que correr, ya me habían llamado dos veces. No llegaba, una tercera no podía levantar el brazo, ni hablar ya bastante fuerza tenía que hacer para mantenerme en pie.

Conseguí, lo conseguí…no me dió tiempo a decir lo siento. Siento haber hecho esperar, cuando ya me encontré con: “Su carnet”, sin fuerzas para hablar me rearmé y conseguí decir lo he “perdido”.

(Esta era una consecuencia del dolor, cada vez que salía y lo usaba lo perdía, mis sentidos cuando estoy con dolor me fallan y no puedo seguir los ritmos de la vida cotidiana, rauda y veloz a la que no consigo llegar. Y no, no consigo adaptarme mis sentidos funcionan como pequeños dictadores…me muestran que no llegan a más aunque los sobreexplote continuamente y acabo perdiendo, pierdo lo que lleve en la mano, no me dá tiempo a procesar que llevo en ella, el dolor me distrae continuamente)

“Pues si lo ha perdido pida otra cita”, iba a decir que me hiciera un justificante cuando sin abrir la boca me encontré “sí tiene algún problema ahí estaba el jefe de sección”…cuando dije “pero…” (sólo quería un justificante, había estado allí) “sí señora ahí lo tiene, es necesario el carnet y no me puedo saltar las normas”
Lo miré y no pude evitar llorar…me parecía todo tan surrealista, sentía vergüenza, sus tonos, sus maneras hacían que todo el mundo mirara. El dolor aumentaba (maldito estrés). El jefe de sección, ante los gritos se levantó, me vió llorar, se acercó y me cogió del brazo y me dijo “venga, venga conmigo”.
Me dió un vaso de agua…no podía más estaba exhausta sólo la vergüenza me impedía caerme al suelo. El sudor del gran esfuerzo que estaba haciendo me inundaba las manos.
Sólo quería un justificante para que no se me pasara el plazo. Sólo quería eso. Pero a pesar de todo siempre hay alguien que comprende, que entiende, que escucha aunque no haya palabras. Qué te mira a los ojos, y te infunde paz, que ayuda incondicionalmente y queda grabado para toda tu vida. Ya forma parte de ella.

Salí de allí aún con la cara húmeda y avergonzada…mis limitaciones, mis tiempos no son compatibles. Mis fuerzas, mi lucha contra el dolor no me permite estar en todo. Lo siento, no ,no tengo fuerzas para todo. Soy una persona y debo darme respiros a mis limitaciones.  Imperfecta sin dolor, con dolor aún más pero tenaz y dispuesta a la superación.
El sol me daba en la cara y conseguí parar mis lágrimas, “disfruta” me dije: “disfruta” te lo has ganado. Parece que han pasado años y tan sólo es una hora de mi vida. Una hora en que las barreras se sucedían, una tras otra.

tan sólo una hora de mi vida

Estaba exhausta, lo había conseguido…una vez más, lo había conseguido ¿pero a qué precio? No importa…lo he superado.

Sí esto es vivir con dolor, enfrentarte a él. Luchar cada minuto por encajar en una vida que no entiende más que de plazos, tiempos y prisas. Algo que continuamente tengo que sortear cuando es el dolor el que manda en mi vida.

Minutos después sólo me quedaba olvidar, olvidar y volver de camino disfrutando cada paso, cada rayo de luz y cada buenos días. Por que huyo de sufrir quiero sentir vida y alegría, algo que mi cuerpo me niega día tras día.Vivir y dolor una utopía…no son compatibles y yo llevo ganadas miles de batallas, miles con una fuerza infinita. Por eso mi vida está llena de superación y de satisfacción…cada minuto es una barrera y cada minuto es continuar, simplemente continuar. Estar viva.

Espero que comprendas sólo un poco más…es difícil, lo entiendo.

Quieres mostrar otra hora de tu vida, aqui puedes hacerlo

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3 comentarios
  1. Cris
    Cris Dice:

    Me parece impresionante la manera de escribirlo. Puesto que todas las palabras, frases… todo es exactamente la descripción de mi día a día, de mi vida con esta enfermedad doble y una lucha constante a diario. Me levanto cansada y aún así me planteo hacerme el desayuno, y al terminar de desayunar siento que mi día es como si hubiera pasado entero puesto que no tengo más energía a menos que no me vuelva a dormir por lo menos dos horas más. Y así con todo. El día que hago u. Sobreesfuerzo cómo viajar o cualquier cosa fuera de rutina me pasa factura durante días estoy en cama, reposando mi cuerpo.

    Gracias x las palabras…y mejor Explicado imposible…yo también pierdo cosas…y al día el mbl incluso varias veces…

    Un saludo..

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  2. Conchita Torregrosa Aznar
    Conchita Torregrosa Aznar Dice:

    Creo que es lo más bonito que he leído hasta ahora.
    Identificada totalmente.
    Sin exagerar, pero relatando lo que nos sucede realmente.
    Un paso conseguido………y después, vemos la luz del sol.

    Responder
  3. marleni
    marleni Dice:

    Toda esa historia me describe a mi en su totalidad cuando todavía no sabía lo que tenia, pero era la hora de la cita en el hospital eso sí que era suplicio salía llorando y sin haber sido atendida era una frustración tremenda cuando nadie te entiende ni los médicos…. Gracias a dios tengo un esposo que me apoya mucho un hijo a quien quiero muchísimo, y ahora en otro hospital con una dra. Un pan de dios siempre me escucha y sobre todo me entiende es lo máximo sentir un mínimo de apoyo

    Responder

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